Lily tiene un secreto en el desván (capítulo 8)

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Capítulo 7

Capítulo 6

Capítulo 5

Capítulo 4

Capítulo 3

Capítulo 2

Capítulo 1

Salvador estaba cansado de tomar declaración a testigos, de dar vueltas por Madrid, y del caso en general. Por si fuera poco, a pesar de que él no conducía, iba incómodo en el Opel Vectra de la brigada porque el sol se estaba poniendo a su derecha, y le quemaba la cara. Leire no hablaba, y aunque había puesto la música a volumen bajo, los gorgoritos de aquella cantante pop lo estaban sacando de quicio. Leire también estaba cansada, pero su moño deshecho, su cara ojerosa y su camisa arrugada la hacían más atractiva. Salvador empezaba a percibir su sudor en el aire. Trató de entablar conversación.

Bueno, ¿y cómo te va?

Pues estoy un poco harta —respondió Leire, sin apartar la vista de la carretera—. No tenemos sospechosos, no tenemos buenas pruebas, y la Liliana esta miente más que habla.

Bueno, el exnovio vendrá mañana a declarar, a ver qué nos cuenta. Me refería, ya sabes… —Salvador estiró las piernas y tragó saliva— ¿Cómo está tu madre?

Leire lo miró, desconcertada.

¿Qué? ¿Mi madre? Está bien, se le va la cabeza, pero va tirando. Al menos no se agobia, ni sufre. Mi hermano nos ayuda bastante, y mi cuñada también. Ya estamos buscando plaza en una residencia.

Vaya.

Pasaron los minutos, mientras Salvador meditaba la forma de ser más directo, sin molestarla.

¿Y qué hay de lo demás? Quiero decir, ¿sales con alguien?

Leire suspiró y Salvador se arrepintió de haber hecho la pregunta.

Gracias por preguntar, pero son las ocho de la tarde, llevo despierta desde las seis, estoy cansada, y vamos de camino a un matadero que va a oler a sangre y a mierda. Ahora mismo no me apetece hablar de que si follo o no follo. Porque se trata de eso.

No quería molestarte —respondió Salvador, con la mirada puesta en la guantera.

Pues lo has hecho. No era el momento.

El sol terminó de ponerse, y la carretera pareció de pronto más estrecha. Los carriles se cerraban en torno el coche que ocupaban, el horizonte se fundía con la calzada. Cuando la música dejó de sonar, el ruido sordo del motor y el ruido blanco de la radio sin emisora sumieron a Salvador en un sueño ligero.

¿Por qué crees que se fue Tamara?—preguntó Leire, sin ver que Salvador tenía los ojos cerrados— ¿Todo ese tiempo estuvo sola, y el asesino la encontró? ¿O la secuestraría antes?

Salvador se despertó de golpe y trató de disimular.

No lo sé, la verdad estoy un poco confundido con eso. Además, por lo que sabemos, son dos.

Cierto, pero de momento prefiero hablar como si hubiese un asesino con un cómplice. Luego ya se complicará. —Leire tomó aire y continuó—. Llevo un rato pensando en lo que me dijo Liliana… y me da la sensación de que con ellos Tamara era feliz. Tal vez por un momento, durante dos veranos, fue muy feliz, y cuando se fueron se deprimió porque sabía que el sueño se había terminado. La banda había anunciado un parón de giras y de álbumes el otoño pasado, hace un año. Lo he visto en Facebook. Creo que los echaba de menos, echaba de menos esa vida, no quería volver a la vida real, y se deprimió.

¿Y se largó? —preguntó Salvador, incrédulo— ¿De pronto, más de un año después de la última vez que se fue con ellos, va y se pira sola? Además, ¿Cómo la encontró el asesino?

La acechó y la siguió. Por lo que hemos visto, ella era muy asidua a las redes sociales, justo hasta que desapareció, y así es muy fácil acechar a alguien.

Lo siento, sigo sin verlo. No conozco ningún caso de alguien que se haya ido solo y haya dejado todo lo que conoce porque está triste. En todo caso, buscas el cariño de la gente que te quiere, ¿no?

He dicho que estaba deprimida, no triste. Sus padres no lo han dicho, pero encajaría en el contexto de su intento por volver a hacer una vida normal. O sea, a mi hermana le pasó hace muchos años. —Leire empezó a hablar despacio, de forma pausada, para escoger las palabras—. Era una abogada de éxito, tenía mucho dinero para ella, vivía su vida a su aire. Pero entonces se enamoró, se casó y tuvo una niña… y tres años después, le diagnosticaron una depresión. Todos hicimos lo que pudimos para animarla, pero no quería medicarse. A mí, en privado, me dijo que echaba de menos su vida anterior, salir, ligar, las fiestas… ya sabes, libertad. Y un buen día, cogió dinero, su documentación y algo de ropa, y se marchó.

¿Tardasteis mucho en encontrarla? —preguntó Salvador.

Nunca la encontramos —admitió Leire, mientras se le quebraba la voz—. No volvió a casa, y no hubo manera de encontrar su rastro. La policía archivó el caso, porque era mayor de edad y no había sido raptada. Mi sobrina ha crecido sin madre, y mi cuñado hace tiempo que no coge el teléfono, así que no puedo verla —Leire sofocó un sollozo—. Pero yo sé que se fue por voluntad propia, ella era así. No hablaba mucho.

Salvador guardó silencio, consternado, al tiempo que empezaba a comprender muchas cosas de su compañera; sobre todo su vocación policial y su carácter reservado, que tal vez le venía de familia.

Yo… Lo siento, lo siento mucho—dijo Salvador, tras unos minutos—. No tenía ni idea.

Procuro que nadie lo sepa, pero creo que en este caso es relevante.

Leire abrió una ventanilla, para renovar el aire cargado y respirar mejor.

Bien, cojo tu hipótesis y pregunto —comentó Salvador, para cambiar de tercio—. ¿Por qué ahora? Es decir, ella estaba deprimida pero tuvo que haber un detonante, un cambio que la hiciese salir, y que activase al asesino, que ya la habría escogido.

Es cierto, no he pensado en eso, pero aquí no hay coincidencias, ni una. Pongamos que tiene que ver con Silver Linings.

Vale, estoy de acuerdo. Vamos a dejar eso a remojo. ¿Se te ocurre una posible sucesión de acontecimientos desde que sale de casa? ¿La secuestró en cuanto ella se fue?

Leire pensó en silencio durante un kilómetro.

No, sería mucho más fácil pillar al asesino si la hubiese tenido en su poder durante semanas, los habrían visto juntos. Además, él necesitaba un sitio para retenerla durante todos esos días, sería muy arriesgado —dijo Leire, y tragó saliva—. Creo que el asesino la acechó en redes sociales y descubrió que se iba a escapar por algo que dijo ella. La siguió, contactó con ella pocos días antes de matarla, la citó, porque atraparla violentamente atraería mucha atención, la acorraló y la secuestró. Y creo que ella hizo algo que revelaría el lugar donde se vieron, y así podríamos buscar testigos. O tal vez estuvieron al mismo tiempo en algún sitio mientras la vigilaba, esperando el momento. Imagínate… imagínate que él la atrae fingiendo conocerla, o porque la conoce, la cita en un sitio, y ella, por no dejar un rastro en un papel, apunta las señas en su brazo.

¡Hostia, claro! Por eso se ha deshecho de ellos.

Leire sonrió, triunfal, y aceleró ligeramente por encima del límite de velocidad.

Es más, te apuesto una cena en Casa Lucio a que Tamara se hizo un tatuaje para celebrar que era libre. El secuestrador la vio allí, y hay testigos que lo podrían identificar. Nosotros necesitamos saber qué estudio es, y lo sabremos si vemos el tatuaje en los brazos. Joder, tenemos que encontrarlos ya.


Liliana estaba tirada en la cama del hotel, mirando al techo. Estaba un poco borracha, pero había conseguido que la cabeza dejase de darle vueltas. Llevaba dos horas pensando en todas las cosas que querría haberle dicho a Tamara, y no había podido o no había querido decirle. Al fin y al cabo, ella era solo una chica alocada con una vida sencilla y Liliana no se la quería complicar más. Pero en realidad ya se la había complicado mucho, y por eso dolía tanto.

De pronto recordó la lista que le había dado a la inspectora; se había olvidado de apuntar unos guantes de piel que Alejo le había regalado por su cumpleaños, hacía ya mucho tiempo. ¿Y el vestido azul? Liliana era incapaz de recordar cuándo lo había usado por última vez, y tampoco recordaba haberlo visto en el trastero últimamente. Pensó en preguntarle a sus amigas, las que tenían la llave, para saber quién había sido la última en usarlo, pero recordó lo que le había dicho Leire de que los habían estado alquilando a los fans, y se le revolvió el estómago.

Cogió el cuaderno con tapas de tela negra que siempre llevaba consigo y, comenzando una hoja en blanco, apuntó “Comentar lo del vestido”. Acababa de empezar una lista de cosas que tenía que decirle a la inspectora. Tras media hora, la lista ocupaba dos páginas. Decidió que la llamaría a la mañana siguiente. Se duchó con agua fría y llamó a Miguel para ir a cenar.

Guardó el cuaderno debajo del colchón.

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3 comentarios en “Lily tiene un secreto en el desván (capítulo 8)

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