Lily tiene un secreto en el desván – Los interrogatorios (Capítulo 11)

Capítulo 10

Capítulo 9

Capítulo 8

Capítulo 7

Capítulo 6

Capítulo 5

Capítulo 4

Capítulo 3

Capítulo 2

Capítulo 1

 

 

 

 

 

dbd0aba7db69e721eaf88f460f171b9a

Salvador Arribas llegó a la sala de interrogatorios diez minutos antes de la hora a la que estaba citado Nicolás Gómez, el exnovio de Tamara, que había sido llamado a declarar como sospechoso. El detective quería tener sobre la mesa el informe de la autopsia, las pruebas y las teorías sobre su implicación, y estudiarlo todo una vez más. Aún no tenía los resultados del examen que el médico forense estaba practicando a los brazos, hallados la noche anterior, y que ya estaban deteriorados por la cal viva. Le llevaría unas horas examinarlos por completo.

Aquella mañana Salvador estaba solo en el caso, porque su compañera le había llamado a las siete y media para decirle que no podía ir porque su madre se había puesto enferma a las tres de la mañana y no había vuelto a dormir, y que intentaría ir cuanto antes. Salvador la disculpó, se interesó de nuevo por su madre, y se dispuso a hacerse cargo de los interrogatorios de Miguel, a las nueve de la mañana, y después del de Nicolás. Leire se haría cargo de Alejo cuando volviese.

El detective fue sincero cuando le dijo a Leire que no pasaba nada, pero también era cierto que le gustaba mimarla. Ella era la única persona a la que le había traído café o agua alguna vez, y la única por la que hacía el esfuerzo de ser amable cuando estaba de mal humor (cosa que cada vez era más frecuente). Le gustaba pensar que ella le hacía mejor persona, pero también se estaba cansando de no obtener ninguna recompensa.

Nicolás apareció en la comisaría a la hora que le tocaba, y fue dirigido a la sala para declarar. Estaba tan nervioso que le sudaban las manos hasta el punto de rechazar el vaso de agua que le ofrecieron antes de entrar, por si se le resbalaba. Era alto y guapo, moreno de pelo rizo, delgado, con los ojos negros. ‘Más andaluz que el cartel de Tío Pepe’, pensó Arribas. Iba vestido como para una entrevista de trabajo, y tenía el semblante muy serio. El día anterior le habían notificado la muerte de Tamara y su obligación de declarar. Salvador le hizo pasar y se sentó frente a él sin mediar palabra.

Vale, vamos a hacer esto lo más rápido y lo más fácil posible —dijo el detective.

Salvador extendió unas notas y unas fotografías en la mesa. Nicolás no dijo nada.

¿Cuál era tu relación con Tamara?

No nos veíamos desde que rompimos, hace un año.

Salvador señaló una fotografía borrosa.

Esta imagen es de la cámara de seguridad de una gasolinera en Sevilla. Aquí estás tú, y a tu lado está Tamara. Las hemos conseguido en un tiempo récord porque la gente espabila mucho cuando le contamos lo que hiciste con ella.

Nicolás seguía sin responder. Sus ojos estaban fijos en las enormes manos de Salvador.

Hazme caso —insistió el detective, y empezó a respirar despacio—. Confiesa, di por qué la mataste de una manera tan horrible, y acabaremos con esto ya.

Quiero un abogado.

Esto no es una peli americana. Di lo que sabes ahora mismo.

Nicolás se derrumbó sobre la mesa, gimoteando de forma lastimera.

Anda, llora —dijo el detective, paternalista—. Llora y luego me lo cuentas.

Yo no la maté, lo juro. Ella me llamó una noche, hace una semana, y me dijo que quería hablar conmigo. Me cité con ella en Sevilla, y la llevé hasta Ciudad Real. Tamara quería empezar de nuevo en un sitio pequeño, y quería hablar conmigo antes. Pasamos una noche juntos, y luego ella siguió camino. Yo insistí en que no podía ir sola por ahí, que la gente la estaba buscando, pero ella quería estar sola, y pensar. Dijo que quería encontrarse a sí misma.

Y dejaste que se fuera.

Sí, pero no es lo que parece, ella… Era libre. Hacía mucho que no hablábamos, y la vi bien. Estaba bien. Llamó a algunas amigas para verlas esos días, y ellas le guardaron el secreto. Dijo que iba a ver a otra después, y luego, si veía que se sentía preparada, volvería a casa.

¿Y por qué desapareció así, en vez de cogerse unas vacaciones, sin tanto misterio?

Porque estaba confundida, y quería perder de vista a sus padres un tiempo, para que no le pidiesen explicaciones. Estaba en paro, no encontraba nada, ni en Granada ni en otro sitio, y no quería seguir estudiando. Sabía que si terminaba la universidad daría igual, porque no hay oportunidades para nadie. La gente le daba consejos, pero ella no sabía qué decisión tomar. Mira, ya sé lo que parece. Yo me enfadé cuando me dejó, y le eché la culpa a la vida que había llevado antes, pero ya hacía mucho tiempo que estaba en paz con eso. Tomó sus decisiones y ahora estaba mejor.

¿Sabes con quién iba a reunirse después?

No, no quiso decírmelo. Pero estaba haciendo un repaso de amigos y conocidos que habían sido importantes en su vida. Así que supongo que iba a ver a alguien que significaba mucho para ella.

Ambos hombres se quedaron pensativos.

¿Crees que querría volver a salir con los Silver Linings? —preguntó Arribas.

Nicolás cambió su semblante, pasó de estar triste a indignarse.

No. Es cierto que me dijo que echaba de menos esa vida, pero también me dijo que ellos le habían fallado, que le habían prometido muchas cosas y la habían decepcionado.

Salvador agradeció para sus adentros la lealtad del chico, pero no creyó que Tamara fuese totalmente sincera. Empezaba a pensar que la “amiga” con la que la chica iba a a reunirse era un madrileño de un metro noventa, cargado de tatuajes y con el hígado deteriorado por años de excesos, que estaba esperando en otra sala.

Se queda aquí en el calabozo, de momento—informó Salvador—. Es el único que sabemos que estuvo con Tamara desde que desapareció.

Muy bien—respondió Leire, mientras tomaba su tercer café de la mañana.

Y el vigilante no suelta prenda. Le han interrogado y solo dice que los del coche iban encapuchados y que le pagaron un montón de pasta en efectivo. Hay que seguir la pista de los que alquilaron el piso, pero aún están en ello.

Vale.

La entrevista con Miguel no ha aportado nada, ha sido un pérdida de tiempo. —Salvador se fijó en que Leire no le prestaba atención— ¿Qué pasa? Estás pensativa.

Vengo de hablar otra vez con Liliana, y ha sido una conversación muy reveladora. Su relación con Tamara, la de todo el grupo, fue más… intensa de lo que nos había dicho. Me ha contado detalles que podrían hacer que el crimen fuese una venganza o un mensaje… Y además, hemos comprobado que su inventario coincide con el de la Científica, no faltaba ropa en el trastero. Y no sabe dónde ha estado el vestido todo este tiempo.

Con razón los de Delitos Informáticos no han encontrado nada sobre el alquiler de la ropa, no es que no quisieran hablar, es que era todo una patraña —respondió Salvador.

Una patraña de Amparo.

Salvador asintió.

Y a que no adivinas de quién son las huellas que hemos encontrado en el ascensor del bloque de al lado —dijo el detective—. De Amparo. Ella es la cómplice. Seguramente se manchó la chaqueta de sangre y por eso iba tan desabrigada.

Emite la orden de detención contra ella ahora mismo, yo voy con Alejo.

Alejandro Rivas entró en la sala con paso firme, pero se le notaba abatido. Llevaba consigo una carpeta de la que sacó una lista de nombres y números de teléfono.

Hola, buenos días, soy la inspectora Chamorro. Gracias por venir a declarar voluntariamente.

Supongo que queréis aclarar esto lo antes posible —contestó Alejo, con calma.

Leire ya conocía a Alejo, y sabía que era atractivo, pero se dio cuenta de que no podía calcular su edad. Podría tener cuarenta años o cincuenta, y sus ojos marrón claro irradiaban un brillo irresistible. Iba más informal que Liliana, pero también parecía más seguro de sí mismo. Le llamó la atención que vistiese una cazadora negra de nylon y la llevase cerrada hasta el cuello. No hacía frío en la sala. Los únicos tatuajes que podía ver eran los de los dedos.

Por supuesto—respondió Leire, sentándose—. Bien, hemos comprobado tu pasaporte y llevas ocho días aquí en Madrid, a diferencia de Lily.

Sí, bueno, hace tiempo que no hacemos cosas juntos.

¿Tenéis una buena relación? —preguntó la inspectora, tratando de que su rostro fuese lo más inexpresivo posible.

La relación es casi inexistente, pero sí, nos respetamos.

¿Y qué has estado haciendo en ese tiempo?

Pues aquí tienes una lista de personas con las que he estado y con las que he hablado —dijo Alejo, enseñando sus listas, orgulloso—. He dormido casi todos los días en el piso de mi hermano, que está en Londres, porque ahora mismo no tengo residencia fija en España.

Muy bien —respondió Leire, que no tenía intención de comprobar su coartada, porque sabía que Alejo se podía permitir el lujo de comprar personas—. En cualquier caso, ¿podrías decirme por qué has vuelto a España precisamente ahora?

Asuntos personales. Mi exnovia me ha pedido algunas cosas que cogí sin darme cuenta cuando nos separamos, y fui a recogerlas al trastero donde desgraciadamente apareció Tamara el martes. Yo fui el domingo.

Liliana no había mencionado que Alejo tuviese la llave’, pensó Leire.

¿Y cómo entraste?

Me dejó la llave Amparo, una de las que la tenía.

Bien, vamos bien.’

¿Cómo te ha afectado la muerte de Tamara? —preguntó Leire, poniéndose más seria— ¿Crees que alguien podría tener motivos para matarla?

Alejo mostró un gesto consternado, sincero.

La echaré mucho de menos, era una buena chica. Y espero que pilléis pronto a quien lo haya hecho.

¿Sospechas de alguien? ¿Conoces algún detalle por la prensa?

Alejo fijó sus ojos en los labios de Leire. Respiró profundamente.

No conozco a nadie capaz de hacer algo así, si es lo que preguntas —respondió Alejo, inclinándose sobre la mesa, apoyando los codos, y entrelazando las manos—. Sé algunas cosas, como que le amputaron los brazos, que eso tiene que ver con una de nuestras canciones, y sé que hay detalles que relacionan el crimen con nuestro universo… pero creo que muchos fans podrían hacer algo así. O alguien que quiera hacerse pasar por un fan para despistar. Siento no poder ayudar más.

Yo siento no tener ninguna prueba contra ti, gilipollas’, pensó Leire.

Mira, yo conocí bien a Tamara pero no nos vimos en un año, y su vida había cambiado mucho —continuó Alejo, mientras se pasaba la mano por la cabeza insistentemente—. Creo que esto es más un juego macabro, o un intento de despistar a la Policía, que algo relacionado con nosotros. De verdad, si supiese algo te lo diría, pero esto me sobrepasa.

No puedes tutearme. No puedes estar tan seguro de ti mismo.’

De pronto, Salvador entró como una locomotora.

¡Hola!— exclamó el detective, poniendo ambas manos sobre la mesa, junto a Alejo—. Este es el ticket de la tintorería donde limpiaron el vestido. —Apartó una de las manos y apareció un papel de color rosa—. ¡Lo pone, pone la fecha, la descripción del vestido, y están tus putas huellas en él!

Leire estaba temblando. Salvador nunca había hecho algo así: interrumpir su labor, y atacar a un sospechoso sin haberlo hablado antes con ella.

¡Confiesa, joder, te tenemos! —gritó el detective, muy cerca de la oreja derecha de Alejo.

El músico no se inmutó.

Cogí un ticket de un vestido —replicó Alejo, levantándose de la silla—. Un vestido que después apareció en la escena de un crimen. No tenéis nada.

¡Una mierda, estuviste con Tamara, el ticket estaba en su bolso!

¡Míralo bien! —dijo Alejo, levantando la voz, sin apenas fijarse en el papel— ¡Es de hace un mes!

¿Y para qué querías el vestido? —respondió Salvador, sin hacerle caso.

¡Para ponérmelo, joder! —respondió Alejo, mofándose— Me pone cachondo vestirme de mujer, y tú deberías probarlo. Relaja mucho.

Calmaos, por favor. —dijo Leire, muy alterada, pero sin atreverse a interponerse entre los dos.

La inspectora se dio cuenta de que tenía la mano sobre su arma.

¿Crees que tienes algo contra mí? —preguntó Alejo, desafiante, con los ojos fijos en los de Salvador— Pues llamo a mi abogado ahora mismo.

Leire negó con la cabeza.

Sí, llámalo —contestó el detective, recogiendo la prueba—. Llámalo y que te saque de esto, si tiene cojones.

Salvador salió de la sala hecho una furia.

Te acaba de puentear de lo lindo —comentó Alejo, sentándose de nuevo, dirigiéndose a Leire con complicidad—. Eso está muy mal.

Leire asintió, sin darse cuenta de que estaba cediendo a la manipulación por parte de Alejo. Revisó sus notas y trató de continuar con el interrogatorio. Había descubierto algo de Alejo que no le atraía físicamente: sonreía como un tiburón, enseñando todos sus dientes.

Bien, sigamos. Amparo es amiga tuya, ¿verdad?

Sí, nos vemos a veces.

¿Cuándo fue la última?

El domingo, cuando me dejó entrar en el trastero.

¿Qué cogiste?

Dos libros y unos auriculares viejos que pertenecen a mi ex, se llama Laura. Aquí tienes sus datos.

Leire no le escuchaba. Estaba haciendo tiempo para que algo ocurriese y le pusiera a Alejo en bandeja. Una llamada del forense, una prueba definitiva, un milagro. Algo que hiciese a ese imbécil que tenía enfrente, a ese seductor nato, triunfador y manipulador, doblegarse y confesar. Entonces, cuando se iba a rendir, lo vio claro. Alejo había perdido algunos cabellos sobre la mesa. Había ADN suyo allí mismo.

Leire se dio cinco segundo más a si misma.

No podemos retenerte— dijo finalmente, y suspiró—. Espera a tu abogado, que oiga las pruebas, y si es necesario llamaremos al juez. Pero estás libre.

Le esperaré en la entrada. Gracias por ser tan comedida.

Alejo le guiñó un ojo. Leire no podía creérselo. Le dolía dejarle marchar, pero por algún motivo no podía soportar estar más tiempo en compañía de aquel tipo, que de otro lado le resultaba irresistible.

La inspectora salió de la sala tras el sospechoso, y fue hacia su mesa. Cerró la puerta del despacho y cogió su móvil. Había cinco llamadas perdidas de Liliana.

¿Puedo pasar? —preguntó Salvador, abriendo la puerta.

Mira, la verdad es que no —contestó Leire, sin mirarle a la cara—. Te has portado como un gilipollas, me has reventado el interrogatorio, y no quiero hablar contigo.

No creí que se mantuviese firme —admitió Salvador, cerrando tras de sí—. No creí que tuviese semejantes huevos de negarme algo así.

Pues así es, y ahora se va a ir por la puerta. Con su abogado y todo atado y bien atado.

Por favor, déjame que te lo explique. He comprobado la coartada del exnovio de Tamara, y no pudo matarla. Y ese no tiene dinero para comprar a nadie. Así que no la mató.

¿Y qué, Salva, y qué? —bufó Leire, incorporándose— Da igual que sepamos que fue Alejo, si no lo podemos situar en la escena del crimen. Eso solo prueba que él recogió el vestido y que ella cogió el ticket al ponérselo. ¡Eso no sitúa a Alejo en la escena, ni en el matadero ni en el trastero ni en ninguna parte!

Salvador se quedó compungido al darse cuenta de que Leire estaba fuera de sí. Nunca la había visto tan furiosa.

Da igual, todo da igual —dijo la inspectora, tratando de coger aire—. ¡Tamara está muerta, y no sabemos quién lo hizo, y no importa lo que creamos, porque no tenemos pruebas!

Están buscando a Amparo, y tendrá que confesar —respondió él, tratando de calmarla—. No puede ser que todos le protejan.

No creo que le delate, este cabrón es un maestro.

El teléfono de Leire volvió a sonar.

Tengo que cogerlo. Déjame sola, por favor.

Leire se tomó unos minutos para tranquilizarse. Cuando se hubo calmado, bebió agua y devolvió la llamada. Pero Liliana no cogía el teléfono; estaba encendido, pero saltaba el contestador. Leire querías salir de allí inmediatamente, calmar su frustración y ver las cosas con perspectiva. Y ahora Liliana quería hablar con ella. Si seguía en la comisaría tendría que lidiar con Salvador, y no le apetecía nada. Tal vez si hablaba con Liliana descubriría algo que los sacase de aquel atolladero. Decidió ir a verla. La inspectora supuso que la artista seguía con sus amigos; entró en Facebook para buscar a los que más interactuaban con ella en Instagram y que viviesen en España. Tras dos minutos, Leire averiguó el bar exacto donde estaban, por una foto que acababan de subir una tal Gema; las manos de Liliana salían en la imagen. Cogió el coche de la brigada. No le dijo nada a Salvador.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s