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Un pasaje de mi novela “Puntos Negros”

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“Fue poco a poco. Marcos no recordaba el punto en que todo se le fue de las manos, porque tampoco tenía claro cuándo dejó de comportarse como la mayoría de los hombres que conocía. En realidad esto no le importaba; el bien y el mal eran etiquetas que se les ponía a las actitudes. Él estaba al margen de estas etiquetas.

Quien conoce la diferencia entre el bien y el mal pero carece de empatía recibe el apelativo de psicópata. Marcos nunca se habría colocado esta etiqueta porque le sonaba a asesino en serie. Él no había matado a nadie.”

Un pasaje de mi nueva novela “Mi ala rota”

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En mi nueva novela, la protagonista, Lara, repasa los acontecimientos de los últimos meses, que la han llevado a su situación actual. La ópera “Madame butterfly” juega un papel muy importante en esta historia.

Me acerqué a la FNAC para comprar la biografía de Sofia Scalante, la soprano que interpretaría a a protagonista de Madame Butterfly, y que también era mi artista preferida. Bueno, es mi artista favorita. Era. No sé.

Sofia Scalante (nacida en algún momento entre 1950 y 1960, según dónde se consulte) no era italiana, a pesar de que su nombre lo sugiera, sino búlgara. Ese era su nombre artístico, pero también era un nombre apropiado para camuflar sus orígenes, aunque introduciendo un guiño. No diré su verdadero nombre por respeto, ahora que ella no se puede defender. Si yo alguna vez fuera famosa, me gustaría esa clase de fama: ser la mejor, la más grande, la más admirada, pero que nadie supiese nada de mí en realidad.

Nació en un pueblo pequeño y muy atrasado, y fue su tío quien despertó su interés por el canto, y quien pagó sus clases en el coro durante su infancia. Ella misma se puso a trabajar con doce años para seguir con sus clases en una escuela más elitista de la ciudad de Burgas (donde mintió sobre su edad para ser admitida), a 200 kilómetros de su aldea. Asistía dos veces por semana, gracias a que su tío tenía que hacer negocios allí, y la llevaba y la traía de vuelta a casa. Él se estaba cobrando estos favores de una forma que a ella no le pareció mal entonces, solo mucho tiempo después se dio cuenta de que había sido abusada. Cuando lo hizo público condenó firmemente a su tío, ya fallecido, pero dijo que al menos había conseguido una carrera musical gracias a ello, de lo contrario probablemente seguiría criando cerdos con su familia. Puede parecer muy frío pero yo lo entiendo, era su forma de ver el lado positivo y reconciliarse consigo misma, tras una vida culpándose por aquello, como les pasa a muchas personas que han sufrido abusos sexuales.

A los dieciséis años Sofia se mudó a la capital, Sofía, e ingresó en la escuela de canto “moderno”, que era la única forma de cantar lírica y no acabar en un coro de voces búlgaras, aunque sus mayores detractores sostienen que su estilo se acerca demasiado a este género popular. Mientras progresaba en su carrera artística, cantaba por las noches en cafés, y por temporadas también trabajó como camarera, limpiadora, recepcionista, costurera y cocinera.

El episodio más controvertido de la vida de Sofía Scalante, si exceptuamos la misteriosa desaparición de su primer marido y los rumores acerca de los malos modos con los que siempre trató a sus subalternos, es el llamado “wig riddle”, que tuvo lugar a principios de los 90 y tuvo como protagonista, además de a Sofía, a la soprano Carol Davenport.

La versión oficial dice que Carol, la artista que iba a interpretar a Cio Cio San en el estreno en el Metropolitan Opera House de Nueva York en 1991, sufrió tres semanas antes una repentina neumonía, y fue entonces cuando Marcus Grandel, el director del nuevo montaje, llamó a Sofía suplicándole que la sustituyese y pidiéndole perdón por las airadas críticas que le había dirigido al rechazarla durante la prueba para el papel. Sofía tardó dos días en responder, y lo hizo abriendo la puerta del despacho de Grandel, que en ese momento estaba reunido con unos socios, y entonando Che tua madre dovrá, una de las arias más célebres de la obra. Marcus se puso en pie y aplaudió de forma extasiada, al igual que sus socios, y Sofía comenzó a ensayar con los demás intérpretes y la orquesta. Ese estreno supuso la consagración de Sofía ante la crítica y el gran público, (antes solo era admirada en Italia) y el comienzo de una exitosa gira que duró varios años. Sofía nunca habría llegado a alcanzar el éxito internacional de no ser por ese papel.

Hay muchos rumores acerca de las causas por las que Carol Davenport no pudo interpretar a Cio Cio San; el motivo de tanta habladuría es que Carol no volvió a pisar las tablas de un teatro en dos años (tiempo demasiado largo para recuperarse de una neumonía) y que a partir de entonces usó peluca, durante el resto de su vida. También influye el hecho de que la peluca que utilizó Sofía Scalante era distinta a la de Davenport, según Sofía porque ella estaba acostumbrada a que le hiciese los tocados un artesano italiano.

El rumor más extendido dice que Sofía, desesperada por conseguir el papel, aún después de que Marcus la hubiese humillado delante del coro, se coló entre bambalinas e impregnó con ácido la peluca que Davenport iba a usar unas horas después en el ensayo, causando lesiones gravísimas a su rival cuando ésta se estaba vistiendo. No hay pruebas de ello, porque Carol era una diva del bel canto extremadamente reservada: se maquillaba y peinaba sola, y solo permitía que su asistente personal le pusiese el kimono que utilizaba para interpretar a Madame Butterfly. También tenía médico personal, de modo que no hay testigos de su ingreso hospitalario por quemaduras… pero tampoco hay testigos de su ingreso por neumonía; de hecho, el silencio de Carol Davenport y su entorno fue absoluto durante esos dos años.

La rivalidad entre ellas era sonada, porque a pesar de que Sofía Scalante era mucho menos popular, había algunos críticos que la consideraban mejor que Davenport y que muchas coetáneas, debido a su entrega y su emoción al cantar, que compensaban su falta de técnica. Algunos dicen que el propio Marcus, cuando hizo las pruebas a tres sopranos para el papel de Cio Cio San, se emocionó tanto al oír a Sofía que tuvo que ocultar sus lágrimas para no ofender a Carol, que era la candidata más fuerte, y su amiga íntima. A pesar de este desliz emotivo, Marcus esperó a que Sofía terminase de cantar y le comunicó que no había vacantes para ella en su montaje, pero que estaban buscando personal en un puesto de fruta de Little Italy, y allí podría encontrar trabajo anunciando tomates.

Carol Davenport no solía hablar de Sofía, al contrario que ésta última, que no paraba de criticarla por su “falta de sangre”, pero sí la mencionó una vez cuando le preguntaron quién no querría que interpretase alguno de sus papeles, calificándola de “chabacana”. Tras el estreno de Madame Butterfly, ninguna de las dos volvió a referirse jamás a la otra, lo cual apoya la teoría del boicot de Sofía a Carol. Llámalo boicot, llámalo intento de asesinato.

Yo solo iba a robar unos malditos dibujos.

Reseña: “Frankenstein o el moderno Prometeo”

Rebeca Medina escribe

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Esta reseña es especial por muchos motivos: se trata de mi libro favorito, es uno de los clásicos del terror decimonónico, y la obra considerada pionera de la ciencia ficción.

Mary Shelley comenzó a escribirla a los diecisiete años.

Frankenstein o El moderno Prometeo es una novela extraordinaria por estos y otros motivos, y de lectura muy llevadera, engancha.

La historia es ya universal: Victor Frankenstein es un muchacho de alta cuna que viaja al extranjero para estudiar ciencias, y que, tras la repentina muerte de su madre, se obsesiona con la idea de devolver la vida a los muertos. Cuando consigue reanimar a una criatura producto de la combinación de varios cadáveres, descubre que el monstruo (al que no llega a dar nombre) posee una fealdad tan repulsiva que huye y lo abandona. Sin embargo, éste lo sigue hasta dar con él y enfrentarse a su creador.

He aquí…

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Reseña: “Frankenstein o el moderno Prometeo”

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Esta reseña es especial por muchos motivos: se trata de mi libro favorito, es uno de los clásicos del terror decimonónico, y la obra considerada pionera de la ciencia ficción.

Mary Shelley comenzó a escribirla a los diecisiete años.

Frankenstein o El moderno Prometeo es una novela extraordinaria por estos y otros motivos, y de lectura muy llevadera, engancha.

La historia es ya universal: Victor Frankenstein es un muchacho de alta cuna  que viaja al extranjero para estudiar ciencias, y que, tras la repentina muerte de su madre, se obsesiona con la idea de devolver la vida a los muertos. Cuando consigue reanimar a una criatura producto de la combinación de varios cadáveres, descubre que el monstruo (al que no llega a dar nombre) posee una fealdad tan repulsiva que huye y lo abandona. Sin embargo, éste lo sigue hasta dar con él y enfrentarse a su creador.

He aquí el primer detalle que os va a sorprender si solo conocéis la historia por las películas clásicas: la criatura es muy inteligente, y parte de la novela está narrada desde su punto de vista. Esto da un giro dramático a la historia, porque el monstruo es consciente de su propia fealdad, de su condición de criatura aberrante, y maldice a Victor: nunca le perdonará haberle dado vida, y convertirá su existencia en un infierno. Lo segundo que puede que más os impacte es la gran sensibilidad de esta novela; tanto Victor como su criatura expresan sus emociones, y las de la criatura son desgarradoras, ha intentado hacer amigos y éstos han huido o han intentado agredirle, presa del terror. Por su parte, Victor expresa en todo momento un amor profundo a su familia, a su prometida y a sus amigos; esto da un tono aún más oscuro a la novela, porque Victor vive en tensión continua, preocupado tanto por su propia seguridad como por la de sus allegados. La criatura lo chantajea, amenazándole con hacer daño a quien más ama si no accede a darle una compañera, que ha de surgir igual que él a partir de materia corrompida, para que pueda amarlo.

De hecho, es también un drama de pasiones primarias: la codicia de gloria y fama de Victor, su miedo al monstruo, y por parte de éste, el sentimiento de rechazo, la ira y la sed de venganza.

El aspecto que más lo acerca a la ciencia ficción, además del hecho de que el protagonista consigue crear un monstruo a partir de cuerpos sin vida, es la introducción al mundo universitario desde la perspectiva de Victor, y su dilema personal entre ser fiel a las enseñanzas de filósofos de siglos anteriores, como Alberto Magno, y descubrir las teorías de los científicos modernos, que son los que sus profesores aceptan como las únicas válidas. Quizá estos elementos no sean aterradores, pero ayudan a introducir al lector en los conflictos personales de Victor, y a conocerlo como el científico tan apasionado que es.

Por último, también quiero destacar la gran cantidad de puntos de vista de la obra: comienza con el relato epistolar de un marinero que encuentra a Victor en el Polo Norte, y luego se alternan varios narradores, incluidos como ya he dicho la criatura y el propio Victor.

Os la recomiendo de corazón, y os aconsejo que le echéis un vistazo a la edición ilustrada por Bernie Wrightson, a la que pertenece la imagen de cabecera de este post.

 

Propósitos tardíos y realistas 2017

Este año he empezado con las pilas bien cargadas, así que me voy a plantear algunos retos… dentro de mis posibilidades. Dado que escribo muy pocos relatos, no voy a plantearme enviar ninguno a un concurso (en realidad nunca lo he hecho porque no hago lo que piden en los diferentes certámenes que he visto), ni voy a proponerme hacer un reto de 52 relatos como me propuse el año pasado (creo que completé 6 o 7).

De modo que me propongo para este año:

  • quiero terminar mi nueva novela, aún sin título
  • y traducir la anterior, “Puntos Negros”, al inglés
  • escribir algún relato, cuando tenga una buena idea
  • continuar con un cuento por entregas que empecé allá por octubre
  • Hacer más reseñas
  • seguir leyendo autoras femeninas de misterio y novela negra
  • y leer más en general, ya haré una lista con lecturas para este año
  • participar más en WordPress
  • y en Twitter, aquí tenéis mi usuario @medrebeca

Espero que todos tengáis un 2017 estupendo y que cumpláis todo lo que os habéis propuesto.

 

El interrogatorio (homenaje a los procedimentales)

CASTLE

Una serie de tipo procedimental es una producción donde en cada episodio se resuelve un caso mediante métodos de investigación, y que tienen una estructura casi idéntica entre si. Las franquicias CSI y Ley y Orden son buenos ejemplos de procedurals (en inglés). Este relato breve está inspirado en este tipo de historias, que en ocasiones tratan de resolver crímenes sexuales.

Hana recogió su café (sólo, con azúcar) de la máquina, lo removió con reparo al ver lo malo que era, y lo dejó sobre la mesa del pasillo.

-La niña está confusa. -advirtió el detective Ramírez- Mary era su mejor amiga. Bueno, es su mejor amiga, no debemos ponernos en lo peor. Te hemos traído porque se te dan muy bien los niños, y tal vez se abra más contigo.

-Seguro que sí -respondió ella-, no soy un señor mayor muy serio, que llega oliendo a tabaco negro y desodorante recién puesto. -Se arremangó la americana y bebió un pequeño y prudente sorbo de café. Sus dos décadas de experiencia en asistencia social a familias le aportaban mucha seguridad al tratar con niños.

Seguro que sí -repitió Ramírez, contrariado por sus palabras. Esperaba no arrepentirse de haber llamado a la psiquiatra, recomendada por el comisario, la cual llevaba el pelo demasiado corto y un traje demasiado grande para ser suyo, como si lo acabase de pedir prestada para no ir en camiseta y vaqueros.

-Hola, Amy -saludó el detective al abrir la puerta, con su sonrisa más amable. -esta es Hana, es psiquiatra forense y quiere hablar contigo de la desaparición de Mary.

La niña los miró a los dos con expresión cansada. -Ya he respondido al psicólogo y al policía, no sé nada.

Hana se sentó en una silla a su lado, en una postura relajada, para evitar tener la mesa como barrera comunicativa. –Vamos a hablar de Mary, de vuestra amistad. Porque la quieres y quieres que vuelva, ¿verdad?

-Claro que sí -se apresuró a contestar Amy, fijando sus grandes ojos azulados en la mirada inquisitiva de Hana.

Espera -interrumpió Ramírez-, me han dicho que su madre volverá pronto, ha ido a hacer un recado. Si esperas un momento, ella puede estar presente.

No importa, sólo vamos a conversar, seguro que terminamos antes de que ella vuelva, y así cuando llegue os podéis ir juntas -respondió Hana, guiñando un ojo a Amy. Ésta le sonrió, complacida.

El detective dudó un instante si debía dejar a la psiquiatra sola con la niña, pero su comisaría estaba saturada con la desaparición de Mary, de trece años, y él estaba deseando acelerar el proceso.

-Muy bien, como queráis. -dijo el detective, cerrando la puerta.

-Bien, en primer lugar, quiero que entiendas que esto no es un interrogatorio. Tú no eres sospechosa, sino una posible testigo, y nadie va a obligarte a hablar. -comenzó Hana.

-Ya lo sé, me lo han explicado cuatro veces. -comentó Amy, molesta.

-Vale, entonces iré al grano. -Tomó aire y dio un sorbo a su café. -¿Sabes si Mary salía con algún chico?

Amy se sorprendió mucho. -Claro que no, somos muy pequeñas.

-Oh, por supuesto, ya sé que tú no eres de esas. -puntualizó, mientras posaba sus ojos oscuros en el conjunto que Amy llevaba puesto, un jersey a juego con una falda de pana, ambos en tonos rosados, que su madre había escogido con seguridad para darle un aspecto exageradamente infantil.

-No sé qué quieres decir. -murmuró Amy, frotándose las manos.

-¿Hablábais de chicos? -preguntó de nuevo Hana, esta vez en un tono más cercano. -Yo hablaba de chicos con mis amigas a tu edad, quién era guapo, quién me gustaba…

-Sí, eso sí, pero nada más. -Cortó Amy, molesta. -Estoy cansada.

-Ya lo sé. -replicó Hana, y se terminó su café.

Ambas permanecieron en silencio durante un rato.

-Mira, creo que aquí hay un malentendido. -retomó Hana. -Has oído que soy psiquiatra forense, y no sabes muy bien qué quiere decir eso.

-Sí que lo sé, -respondió Amy, furiosa- trabajas con la poli cuando muere alguien.

-No exactamente. Eso lo hacen los médicos forenses, pero también trabajan con personas vivas. -se echó a reír. -¿creíste que me dedico a interrogar a los muertos?

Amy estaba perpleja. No podía creer que aquella mujer, flaca y amargada, se riese de ella, una niña inocente.

-Verás, lo que significa “forense” es que nos dedicamos a buscar pruebas. Pistas. Pueden estar en la escena del crimen, en las personas, en lo que nos cuentan, y sobre todo en cómo nos lo cuentan. -Hana se inclinó hacia la niña -Y tú estás mintiendo. Llevas cincuenta horas mintiendo. Les has mentido a los profesores, a la policía, al psicólogo, y creo que hasta le has mentido a tu madre.

Amy no respondió. Empezó a mirar alrededor, inquieta.

-No, señorita, aquí no hay cámaras, ya te dije que esto no es un interrogatorio. Esta sala es normal y corriente.

-Yo no sé nada. -insistió Amy, alisándose la falda, desesperada. -Yo salí del colegio muy apurada, porque mi madre vino a buscarme para ir a clase de piano.

-Y yo estoy totalmente convencida de que eso es cierto, pero sabes mucho más. Sabes algo que te da vergüenza contar, o que crees que es malo, y culpas de ello a Mary.

-¿No! -protestó Amy, poniéndose en pie.

-Mientes otra vez. Mary salía con chicos, se daban besos, probablemente hacían otras cosas… Alguien le hizo daño, y como no quiere que ella hable, se la ha llevado. ¿Sabes qué creo? -Hana dio una fierte palmada en la mesa.-Creo que está tirada en la linde de algún bosque al norte de estado, estrangulada, y creo que aunque no sepas quién fue, sabes mucho más de lo que dices, y no lo cuentas porque crees que ella es una guarra y se lo merece.

Amy temblaba, aguantando las ganas de llorar.

-Mírame. -dijo Hana, en voz baja pero firme. -Dime qué viste.

-Cállate, te odio. -replicó la niña, dándole la espalda.

-Bien. -Hana se recostó en la silla y cruzó los brazos. -Esta tarde voy a pedir a tu madre que hable conmigo, en tu casa, y registraré tu cuarto.

-¿Qué? -Amy se giró hacia ella de nuevo, incrédula. -No puedes hacer eso, mi padre es abogado y me dijo una vez que nadie podía registrar nada sin una orden.

-Tu padre tiene razón. Pero yo soy muy lista, y muy puta, como tu amiga, así que haré el viejo truco de pedir permiso para usar el lavabo, me colaré en tu habitación y buscaré eso que estás escondiendo.

-No lo harás, y no voy a hablar más contigo.

-Qué tonta eres -dijo Hana, apurando los minutos para marcarse un farol -Ya sé lo que hay. Mira que no escondí yo cosas en casa de mis padres para que no las viese nadie…

Amy sollozaba en silencio. Hana la dejó desahogarse, y le ofreció un botellín de agua que llevaba en el bolso.

-Me da mucho asco decirlo. -balbuceó Amy.

-Lo sé, pero tienes que hacer un esfuerzo, necesito que tú me digas qué es y por qué lo tienes, si lo encuentra la poli puede que no entienda nada. -No quieres que le pase lo mismo a otras niñas, ¿verdad?

Amy negó con la cabeza. Hana le tomó una mano entre las suyas, con suavidad. La niña dejó de llorar.

-Ella tiene la taquilla al lado de la mía…-empezó Amy.

-¿En el colegio?

-No, en la escuela de ballet. Las taquillas del cole las vacían cada pocas semanas, para buscar drogas y preservativos.

“Claro, como son igual de peligrosos.”

-El jueves pasado, vi dentro de la mía unas…. Unas braguitas que no eran mías, eran de Amy. Las reconocí porque se las había visto una vez que vino a dormir a mi casa.

-¿Cómo son? -preguntó Hana, sabiendo que aquel dato no era relevante, con el fin de animarla a hablar.

-Blancas, con un ribete azul. El caso es que iba a ponerlas en su taquilla, pero entonces ella llegó al vestuario y me pidió por favor que no lo hiciese. Me suplicó que me las quedase, podía quemarlas o tirarlas a la basura, pero no podía tenerlas ella porque su madre se había enterado de que andaba con chicos, y su ropa… -Amy reprimió una arcada. -su ropa interior tenía algo de un chico y ella podía meterse en un buen lío.

-Se llama semen.

-¡Ya lo sé! -replicó Amy, recompuesta.

-¿Aún las tienes?

-Sí.

Hana no preguntó por qué. Detectó una fascinación morbosa en la niña. 

¿Dónde las tienes escondidas?

-En mi cajón de cosas de One Direction, dentro de una bolsa.

-Uno de los últimos sitios donde iban a mirar. -Hana se estiró en la silla y exhaló aire -Dime que no las has lavado.

-No.

Hana se levantó, abrió la puerta e hizo señas al detective para que se acercase. Le susurró lo que la niña le acababa de contar y volvió a sentarse.

-¿Y por qué no lo dijiste cuando ella desapareció y empezamos a sospechar que la habían secuestrado? ¿No te pareció importante? Todos los chicos de vuestro instituto son sospechosos.

-Tú no la conoces.

-Creo que la conozco mejor que tú.

-No es mala, pero hace y dice cosas que no son propias de chicas de nuestra edad, ni de chicas decentes, en cualquier caso. -dijo Amy, ignorando su comentario.

“Dios santo, tu madre y su collar de perlas te han sorbido los sesos”.

-Estoy de acuerdo en que es pronto para empezar con esas cosas.

-Sí, y además, si los demás se enteran, y yo sigo siendo su amiga, los demás van a creer que yo también lo hago.

“Por favor…”

-Porque a mí también me gustan los chicos, pero yo no hago nada con ellos… Bueno, es que tampoco se fijan en mí. -remató, apesadumbrada.

-Bueno, la pubertad es así. Las dos tenéis la misma edad, pero tu aparentas diez años, y por lo que he visto en las fotos, ella aparenta quince.

Hana calló un momento y pensó muy bien las palabras que iba a decir.

-Entonces, también tienes algo de envidia, ¿no?

Amy asintió. -No se lo digas a nadie, es que yo sé que soy guapa, pero los chicos me hacen sentir fea.

-¿Quieres que te cuente un secreto sobre los chicos? -Amy no respondió -Los penes son feos. Horrorosos. No tengas prisa.

Os invito a un experimento literario

Rebeca Medina escribe

Se me ha ocurrido un experimento y me gustaría que participáseis cuantos más mejor: quiero ver cómo contáis historias.

El procedimiento es sencillo: tenéis que enviar un e-mail a erica.cinerea@yahoo.es contándome vuestro libro favorito en 5 líneas. No quiero una reseña,no me interesa vuestra opinión. Solo quiero ver cómo lo resumís,en qué os fijáis,cómo describís un personaje…Por favor,no me contéis el final, prefiero que hagáis un buen cliffhanger,adoro los cliffhangers.

Y ya está,no voy a sortear nada,ni a premiar al mejor,pero prometo responder a todos los e-mails respetuosamente.

Mi objetivo es empaparme de vuestra perspectiva, de vuestras prioridades a la hora de relatar una historia, y me encantaría que hubiese más de un e.mail sobre el mismo libro, sin embargo no puedo pediros a todos que leáis el mismo, como si esto fuese una clase de literatura (nota mental: tengo que montar un club de lectura…

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