Lily tiene un secreto en el desván (Capítulo 7)

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Capítulo 6

Capítulo 5

Capítulo 4

Capítulo 3

Capítulo 2

Capítulo 1

Bueno, por lo que he visto han encontrado ya bastantes rastros de sangre en el ascensor, pequeños pero útiles. Ahora, esperemos que haya suerte. Están cursando la orden para registrar la vivienda de arriba y la terraza.

Leire estaba satisfecha, y se arrebujó en su chaqueta de punto al notar la brisa de la tarde en el mes de octubre. Salvador se alegró de verla bien, tras unos meses aburrida y algo triste. Creyó que ese pequeño avance en la investigación la había animado.

¿Ha terminado el forense con la autopsia?

Sí —respondió Leire, sacando su libreta de notas—. La causa de la muerte es intoxicación con alcohol y relajantes musculares —Leire suspiró antes de continuar—. Liliana intentó matarse de la misma manera hace diez años.

Así que tenemos otra conexión entre el crimen y ella. ¿Algo más?

No hay evidencias de agresión sexual ni tortura. Brazos amputados peri mortem. El forense está intentando averiguar algo a partir de las heridas de amputación. Y finalmente, están procesando las huellas y rastros.

¿Qué tal la entrevista con los padres? ¿Has sacado algo en claro?

Pues la verdad es que sí. Parece ser que se marchó de forma voluntaria, porque se llevó el bolso, algo de ropa, dinero en efectivo, pero no las tarjetas. Y el móvil no aparece, pero no ha publicado en redes sociales ni ha contactado con sus amigos desde que se fue. Por supuesto, su hija era perfecta, no merecía morir así, no iba con mala gente, su novio es un santo varón… Pero —Salvador hizo otra pausa dramática.

Leire lo miró, extrañada.

Dicen que cambió mucho hace dos años. Empezó a a llegar muy tarde a casa, a sacar malas notas en la universidad, y bueno… Se volvió un poco puta, para entendernos. Pasó de tener novio formal a que nunca la viesen dos veces con el mismo chico. Y además, empezó a fumar, y creen que se drogaba cuando salía de fiesta.

¿Estás pensando en Silver Linings?—preguntó Leire, pensativa.

Yo sí, y tú también. Y tengo un sospechoso. Piénsalo, ella va a sus conciertos, la miman, la corrompen, ella deja todo aquello que conocía y se vuelve rebelde, su salud empeora… Y su exnovio quiere vengarla.

¿Y la venga matándola? Eso no tiene ningún sentido.

En un exnovio posesivo, sí lo tiene. “No eres mía ni de nadie”, “Me la habéis arrebatado, así que la voy a destruir”. Así sí.

Espera. ¿Exnovio? ¿No dijiste que tiene novio ahora?

Sí, verás… Ahora no era tan rebelde, había vuelto a la universidad y salía con un chico, los padres dicen que no es mala persona… Tiene coartada, estaba trabajando en Barcelona. Lo hemos comprobado.

Bien—dijo Leire, y resopló— . No sé qué pensar, estoy agotada y sólo son las cinco.

¿Vas a hablar ahora con Liliana?

Sí, no me apetece mucho ahora mismo, pero me ha dicho que estará allí a las seis, y cada vez tengo más ganas de conocerla mejor.

Liliana Sandoval estaba esperando en la comisaría cuando Leire llegó. Ambas entraron en una sala pequeña, muy acogedora para ser de interrogatorios. La inspectora le ofreció asiento.

Hola, me llamo Leire, hablamos ayer —saludó la inspectora, mientras se sentaba y abría sus carpetas— ¿Cómo te encuentras?

No se dieron la mano.

Bueno, he tenido días mejores —respondió Liliana, con una voz más aguda de lo habitual en ella.

Leire se sorprendió del aspecto de artista. Era mucho más alta, mucho más delgada y mucho más blanca de lo que pensaba. Sus ojos azules eran enormes y almendrados, muy expresivos, pero estaban muy cansados del jet lag… y de algo más, supuso Leire. Llevaba la cara maquillada para darle un mejor color, casi no llevaba máscara ni eyeliner, al contrario de lo que era habitual. Liliana iba vestida muy sobria, incluso para lo que solía ser su look casual, como el que había visto Leire al mirar algunas fotos de ella por las calles de Nueva York. Vestía una camisa negra y unos vaqueros azules. Todos sus tatuajes estaban tapados, y se había quitado los piercings. Llevaba el pelo muy negro, muy liso, peinado de la manera más natural que le permitía su corte bob y su flequillo largo. Parecía que se había puesto “el uniforme de ir a comisaría”. Liliana se había disfrazado y Leire estaba tomando nota de ello.

Mira, no hay muchas maneras de hacer esto.

Leire esperó unos segundo antes de continuar, y se levantó para coger un vaso de aga de la garrafa que había en el cuarto.. Luego se lo acercó a Liliana. Se volvió a sentar y notó que ella se encogía en la silla.

Voy a enseñarte dos fotografías, una es la del cadáver. Va a ser duro, pero ya te ha contado mi compañero cómo la encontramos. Respira hondo.

Leire puso la fotografía del cuerpo de Tamara sobre la mesa. La reacción de Liliana la pilló por sorpresa; la artista empezó a temblar, abrió mucho los ojos, y luego los cerró. Bajó la cabeza y empezó a respirar con dificultad.

No, no, no… —gruñó, agarrándose a la silla.

Leire se apiadó de ella. Se levantó y le puso una mano en el hombro.

Lo siento. Podemos dejarlo para otro momento, si quieres puedes quedarte aquí sola un rato.

Liliana levantó la cabeza, y su mirada se había vuelto durísima de pronto, incluso estando llena de lágrimas.

No, mejor seguimos. Cuanto antes le cojamos, mejor.

Vale, entonces voy a enseñarte la siguiente fotografía.

Leire puso ante ella una captura de la red social Instagram, donde se veía a Liliana posando con Tamara; la artista llevaba el vestido azul de la escena del crimen. Las dos sonreían a la cámara, en una actitud muy festiva.

¿Qué me puedes decir de esta foto? Ya doy por hecho que erais amigas.

Liliana asintió.

La inspectora pensó durante unos segundos, porque no estaba segura del siguiente paso. Finalmente se lanzó. Quería demostrar hasta dónde tenía el control de la situación.

Yo estuve en ese concierto. Me gusta mucho vuestra música, y era la segunda vez que os veía en directo.

Liliana la miró, desconcertada.

Después de que acabase me acerqué al escenario y una relaciones públicas me dijo que Alejo firmaría autógrafos más tarde. Me dijo dónde esperar. Por lo que oí, y por lo que vi cuando abrían la puerta para entrar y salir, teníais una buena fiesta. No vi a Tamara, o no me acuerdo de ella. Vino Alejo a la puerta, me firmó y me fui.

Esa noche estuvo bien —admitió Liliana, nostálgica.

¿Puedes decirme qué relación teníais exactamente?

Éramos amigas, no íntimas, pero amigas.

¿Mantuvisteis el contacto? Ya hace dos años de este concierto.

Sí. O sea, nos vimos algunas veces más.

Leire notó que Liliana empezaba a ponerse nerviosa, porque no paraba de mover la pierna derecha. Su rodilla experimentaba un temblor constante.

Bien. No te voy a acusar de nada, porque todos los de la banda tenéis una coartada firme, pero quiero que me cuentes más cosas de ella. Es obvio que el asesino conocía vuestra relación. Y es obvio que la ha usado para hacerte daño.

¿Cómo? ¿Quieres decir que no la quería matar a ella, sino solo hacerme daño a mí?

¿Se te ocurre algún motivo por el que alguien quisiera matarla?

El rostro de Liliana se ensombreció de nuevo.

No, era… Tamara era adorable. Todos la queríamos.

La artista se mantuvo en silencio durante unos segundos antes de continuar.

Había algunos fans que eran especiales, ya sabes, nos seguían desde el principio y eso… Y nosotros se lo compensábamos invitándolos a fiestas. Lo pasábamos bien. Estuvimos… Déjame pensar… Tamara vino a dos giras nuestras en España y un concierto en Francia; hace dos años y el año pasado.

Bien —comentó Leire, atando cabos mentalmente.

Liliana frunció el ceño.

Entonces, das por hecho que alguien sí puede tener motivos para querer hacerme daño a mí, ¿no?

¿Sabías que tus amigas alquilaban tu ropa a los fans?

Liliana se sorprendió tanto que no reparó en que Leire no había respondido a su pregunta.

No, yo no… ¿Qué? ¿Desde cuándo?

Verás, es un factor importante a la hora de determinar quiénes son los sospechosos del asesinato. Hemos hablado con las chicas a las que tú les diste las llaves, y han admitido que se las prestaron a algunos amigos y fans para entrar en el trastero. Por eso hemos encontrado cientos de huellas allí.

Liliana miraba la mesa.

Zorras —murmuró— A saber por dónde han estado mis cosas. O sea, ya sé que eso no es lo importante ahora, pero…

Llamaron a la puerta, y Leire dio permiso para entrar.

Siento interrumpir, pero tienes que oír esto —dijo Salvador.

Leire salió.

La Guardia Civil nos ha pasado un aviso por allanamiento y toma de un rehén en una matadero de un pueblo de Toledo —continuó el detective—. Ocurrió el martes por la noche. El vigilante dice que alguien entró allí, lo encañonó con una escopeta y le obligó a salir. Lo encerró en una furgoneta durante media hora y luego se fue. Han empezado a registrar el sitio.

De acuerdo, yo conduzco. —Leire entró de nuevo—. Oye, tenemos que irnos. Puedes irte, pero no salgas de Madrid, o si lo haces, avísanos. Te vamos a necesitar.

Liliana la miraba con un gesto enfadado, pero manso.

Vale, no pienso irme a ningún sitio. —Se levantó y se colgó al hombro un bolso Diesel que era grande incluso para ella—. Le he dejado a tus compañeros las cosas que me pediste, y tengo varias listas —dijo mientras las sacaba del bolso—, el inventario de la ropa que yo recuerdo que estaba en el trastero, las personas que tenían acceso a él y una lista de personas que pueden confirmar dónde hemos estado todos los de la banda la última semana.

Leire las cogió, sorprendida.

Muy bien, gracias. —Leire salió y Liliana con ella—. Hasta pronto.

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3 comentarios en “Lily tiene un secreto en el desván (Capítulo 7)

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