Reseña: “El guardián invisible”, de Dolores Redondo

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Empiezo de nuevo a publicar reseñas de los mejores libros que voy leyendo, y este es uno de los mas apasionantes que he leído en mucho tiempo.

La primera entrega de la trilogía del Baztán combina a la perfección el suspense, el relato femenino de emociones encontradas, y un costumbrismo muy especial, lleno de magia y tradición. Las tres cosas se entrelazan en una novela que nos traslada a lo más profundo de los bosques navarros. Las descripciones son profusas y sensoriales, sin resultar pesadas; en pocos minutos podemos ver la tupida vegetación, oler el petricor y sentir la humedad a nuestro alrededor, mientras la inspectora Amaia Salazar trata de resolver los crímenes del Basajaun, el asesino que tiene en vilo a la policía foral.

Se trata de una serie de asesinatos donde las víctimas, todas mujeres jóvenes, aparecen rodeadas de una simbología que mezcla la misoginia y la tradición. Por este motivo, y debido a su excepcional currículum y sus estudios sobre asesinos en serie en colaboración con el FBI, Salazar es trasladada a Elizondo, su pueblo natal, para liderar la investigación. Durante el transcurso de la historia, Amaia combinará sus dotes de investigadora, su capacidad para elaborar perfiles criminales, y su instinto agudo y entrenado.

Precisamente el instinto es uno de los leit motiv de esta novela, la capacidad innata de sentir más allá de las palabras y los indicios; cómo la usamos, qué pasa cuando falla, y qué podemos hacer cuando la perdemos. Amaia trabaja incansablemente, colaborando con sus compañeros, para desenmascarar al asesino, al tiempo que lucha contra sus propios fantasmas, y siente que ella misma se pone obstáculos a la hora de encajar las piezas. La ayuda de su familia y su compañero Jonan Etxaide, además de un contacto de Quantico; porque esta no es una historia de una mujer sola contra el mundo, sino también de colaboración, apoyo mutuo y sororidad entre mujeres.

Otro de los elementos recurrentes que actúan como causa de conflicto, y a la vez argamasa para dar consistencia a la parte más humana de la historia, es la tradición, una niebla oscura que envuelve a los habitantes de Elizondo y que nubla la vista de la inspectora Salazar, a pesar de que ella necesita recurrir a mitos y supersticiones para avanzar y resolver el caso. Se debatirá entre el escepticismo propio de la investigadora racional, que se basa en pruebas, y la influencia de los ritos y creencias ancestrales, de las que ella es partícipe en cierta medida.

Quizá la parte más emocional, que no sensiblera, de la narración viene dada por el conflicto interno y externo de Amaia, centrado en su familia, Los rencores y la tiranía de algunas mujeres de su casa en Elizondo harán más denso el aire en los días en los que Amaia permanece allí para trabajar, y a la vez también contribuyen a aumentar la tensión de la historia, que mantiene al lector en vilo constantemente. Es una narración netamente femenina, con un equilibrio exquisito entre la realidad, los hechos fríos y terribles, las emociones y las sensaciones que a veces quedan en un limbo; no sabemos si todo lo que ocurre tiene un significado, o tal vez solo sea un reflejo charco, en medio del bosque cerrado.

En definitiva, os recomiendo esta novela, que fue adaptada en una película que se estrenó el año pasado, tanto si os gusta la novela negra pura y dura, que la hay, como si os interesan las narraciones más humanas y profundas; insisto, en este caso las dos cosas están muy bien mezcladas. Cuatro estrellas sobre cinco por mi parte, porque las cinco se las doy a muy pocos.

Para terminar, y para re-inaugurar bien esta sección de reseñas: ¿Qué libros os han apasionado últimamente? ¿Me recomendáis alguno, ahora que ya me conocéis un poco?

 

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Lily tiene un secreto en el desván (Capítulo 9)

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Capítulo 8

Capítulo 7

Capítulo 6

Capítulo 5

Capítulo 4

Capítulo 3

Capítulo 2

Capítulo 1

La noche se cerraba rápidamente sobre el matadero municipal a las afueras de La Guardia, en la provincia de Toledo. El aire se enfriaba con la brisa de las montañas, pero seguía impregnado del olor habitual en ese lugar. El matadero era un edificio de una sola planta, sobrio, algo deteriorado porque hacía muchos años que no lo pintaban, y la escasa luz que había a esas horas lo hacía parecer aún más viejo y abandonado. Seguir leyendo “Lily tiene un secreto en el desván (Capítulo 9)”

Un pasaje de mi nueva novela “Mi ala rota”

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En mi nueva novela, la protagonista, Lara, repasa los acontecimientos de los últimos meses, que la han llevado a su situación actual. La ópera “Madame butterfly” juega un papel muy importante en esta historia.

Me acerqué a la FNAC para comprar la biografía de Sofia Scalante, la soprano que interpretaría a a protagonista de Madame Butterfly, y que también era mi artista preferida. Bueno, es mi artista favorita. Era. No sé.

Sofia Scalante (nacida en algún momento entre 1950 y 1960, según dónde se consulte) no era italiana, a pesar de que su nombre lo sugiera, sino búlgara. Ese era su nombre artístico, pero también era un nombre apropiado para camuflar sus orígenes, aunque introduciendo un guiño. No diré su verdadero nombre por respeto, ahora que ella no se puede defender. Si yo alguna vez fuera famosa, me gustaría esa clase de fama: ser la mejor, la más grande, la más admirada, pero que nadie supiese nada de mí en realidad.

Nació en un pueblo pequeño y muy atrasado, y fue su tío quien despertó su interés por el canto, y quien pagó sus clases en el coro durante su infancia. Ella misma se puso a trabajar con doce años para seguir con sus clases en una escuela más elitista de la ciudad de Burgas (donde mintió sobre su edad para ser admitida), a 200 kilómetros de su aldea. Asistía dos veces por semana, gracias a que su tío tenía que hacer negocios allí, y la llevaba y la traía de vuelta a casa. Él se estaba cobrando estos favores de una forma que a ella no le pareció mal entonces, solo mucho tiempo después se dio cuenta de que había sido abusada. Cuando lo hizo público condenó firmemente a su tío, ya fallecido, pero dijo que al menos había conseguido una carrera musical gracias a ello, de lo contrario probablemente seguiría criando cerdos con su familia. Puede parecer muy frío pero yo lo entiendo, era su forma de ver el lado positivo y reconciliarse consigo misma, tras una vida culpándose por aquello, como les pasa a muchas personas que han sufrido abusos sexuales.

A los dieciséis años Sofia se mudó a la capital, Sofía, e ingresó en la escuela de canto “moderno”, que era la única forma de cantar lírica y no acabar en un coro de voces búlgaras, aunque sus mayores detractores sostienen que su estilo se acerca demasiado a este género popular. Mientras progresaba en su carrera artística, cantaba por las noches en cafés, y por temporadas también trabajó como camarera, limpiadora, recepcionista, costurera y cocinera.

El episodio más controvertido de la vida de Sofía Scalante, si exceptuamos la misteriosa desaparición de su primer marido y los rumores acerca de los malos modos con los que siempre trató a sus subalternos, es el llamado “wig riddle”, que tuvo lugar a principios de los 90 y tuvo como protagonista, además de a Sofía, a la soprano Carol Davenport.

La versión oficial dice que Carol, la artista que iba a interpretar a Cio Cio San en el estreno en el Metropolitan Opera House de Nueva York en 1991, sufrió tres semanas antes una repentina neumonía, y fue entonces cuando Marcus Grandel, el director del nuevo montaje, llamó a Sofía suplicándole que la sustituyese y pidiéndole perdón por las airadas críticas que le había dirigido al rechazarla durante la prueba para el papel. Sofía tardó dos días en responder, y lo hizo abriendo la puerta del despacho de Grandel, que en ese momento estaba reunido con unos socios, y entonando Che tua madre dovrá, una de las arias más célebres de la obra. Marcus se puso en pie y aplaudió de forma extasiada, al igual que sus socios, y Sofía comenzó a ensayar con los demás intérpretes y la orquesta. Ese estreno supuso la consagración de Sofía ante la crítica y el gran público, (antes solo era admirada en Italia) y el comienzo de una exitosa gira que duró varios años. Sofía nunca habría llegado a alcanzar el éxito internacional de no ser por ese papel.

Hay muchos rumores acerca de las causas por las que Carol Davenport no pudo interpretar a Cio Cio San; el motivo de tanta habladuría es que Carol no volvió a pisar las tablas de un teatro en dos años (tiempo demasiado largo para recuperarse de una neumonía) y que a partir de entonces usó peluca, durante el resto de su vida. También influye el hecho de que la peluca que utilizó Sofía Scalante era distinta a la de Davenport, según Sofía porque ella estaba acostumbrada a que le hiciese los tocados un artesano italiano.

El rumor más extendido dice que Sofía, desesperada por conseguir el papel, aún después de que Marcus la hubiese humillado delante del coro, se coló entre bambalinas e impregnó con ácido la peluca que Davenport iba a usar unas horas después en el ensayo, causando lesiones gravísimas a su rival cuando ésta se estaba vistiendo. No hay pruebas de ello, porque Carol era una diva del bel canto extremadamente reservada: se maquillaba y peinaba sola, y solo permitía que su asistente personal le pusiese el kimono que utilizaba para interpretar a Madame Butterfly. También tenía médico personal, de modo que no hay testigos de su ingreso hospitalario por quemaduras… pero tampoco hay testigos de su ingreso por neumonía; de hecho, el silencio de Carol Davenport y su entorno fue absoluto durante esos dos años.

La rivalidad entre ellas era sonada, porque a pesar de que Sofía Scalante era mucho menos popular, había algunos críticos que la consideraban mejor que Davenport y que muchas coetáneas, debido a su entrega y su emoción al cantar, que compensaban su falta de técnica. Algunos dicen que el propio Marcus, cuando hizo las pruebas a tres sopranos para el papel de Cio Cio San, se emocionó tanto al oír a Sofía que tuvo que ocultar sus lágrimas para no ofender a Carol, que era la candidata más fuerte, y su amiga íntima. A pesar de este desliz emotivo, Marcus esperó a que Sofía terminase de cantar y le comunicó que no había vacantes para ella en su montaje, pero que estaban buscando personal en un puesto de fruta de Little Italy, y allí podría encontrar trabajo anunciando tomates.

Carol Davenport no solía hablar de Sofía, al contrario que ésta última, que no paraba de criticarla por su “falta de sangre”, pero sí la mencionó una vez cuando le preguntaron quién no querría que interpretase alguno de sus papeles, calificándola de “chabacana”. Tras el estreno de Madame Butterfly, ninguna de las dos volvió a referirse jamás a la otra, lo cual apoya la teoría del boicot de Sofía a Carol. Llámalo boicot, llámalo intento de asesinato.

Yo solo iba a robar unos malditos dibujos.