Blogger recognition awards

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Es la primera vez que participo en unos premios, aunque ya me habían nominado una vez (sorry Valeria ) . Me ha nominado Jaime Daza del blog “El sándwich del recreo”, ¡muchas gracias! Ahora tengo que mencionar y enlazar a quien me ha nominado, hablar de cómo empezó mi blog, dar un par de consejos a nuevos blogueros y nominar a 15 blogs

Como habréis imaginado, este blog tiene como origen la publicación de mi novela “Puntos Negros”, pero con el tiempo se ha convertido en algo mucho más importante. Aunque no publico ni todos los días ni todas las semanas, es un rincón que dedico a mis escritos y pensamientos, y cada “me gusta” y comentario me da la vida 🙂

No sé si puedo dar consejos, considerando mi número de seguidores y el impacto de mis posts, pero voy a intentarlo:

-Sé tú mismo: es un consejo muy sobado pero lo comparto de corazón. Tu blog puede no estar bien posicionado en Google, a lo mejor no tiene cien mil followers, pero debe tener personalidad. Si te dedicas a copiar, a imitar y a seguir consejos de marketing de profesionales del social media, puedes acabar obligado a actualizar constantemente una cosa hueca y sin vida.

-Sé constante, aunque tu constancia sea de una vez al mes. Parte de ti ha de obligarse a escribir, aunque dejes cosas en borradores, aunque luego no te guste y lo elimines… Nunca dejes de escribir sobre aquello que más te interesa, ya sea repostería, literatura o motos de agua.

-Sé crítico, pero no te machaques: siempre puedes hacerlo mejor, pero cada post es un aprendizaje. Todo lo que escribas forma parte de ti.

 

Y ahora recomiendo mis blogs favoritos, por su contenido, relatos, consejos o atractivo personal 🙂 Jecallejosus

El libro del escritor

Learning True

Gabriella literaria

Silvia Salafranca

AEN Asociación de Escritores Noveles

Fuga de letras

Mr PoeCraft Hyde

Fuentegrís

El club de las intensas

Patrick Asensi

No submarines

Mil elefantes se han posado

Una habitación

Cultura y eventos en Alicante

Un libro por luna

La página número trece

 

Me han salido más de 15, pero es que merecen mucho la pena.

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El amor

Otro extracto de “lo que sea” que estoy haciendo, que me está gustando mucho:

 

Es difícil saber si estás enamorado, pero creo que si esto fuese una guerra, lo sabría. Siento que sería capaz de luchar por él con todas mis ganas, como una fiera, una fiera protectora. No querría morir por él, porque preferiría seguir viviendo para estar juntos; mataría por él, sin duda. Y él lo haría por mí. Juntos o cada uno por su cuenta, pero por la supervivencia del otro.

Hasta aquí, esto es algo que puedes sentir por un amigo.

Pero para mí la diferencia es que al volver a casa, empapados en sudor y sangre, exhaustos, y arrastrando el dolor inmenso, querría seguir cuidando de él, limpiando y curando sus heridas, con paciencia y cariño. No querría hablar, no le haría hablar. Entre dos amantes sobran muchas palabras.

Tiene que haber complicidad, para contarnos casi todo, pero no constantemente.

Y entonces nos iríamos a dormir, aunque costase dormir. Él me abrazaría y me acompañaría en el sueño, y me consolaría cuando tuviese pesadillas, musitando palabras dulces en mi oído y besando mi cuello tembloroso.

Realidad alterada

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Acabo de encontrar este post en Tumblr, en inglés, original de tootsie-roll-frankenstein (bonito nick) y me ha parecido tan maravilloso que lo traigo aquí.

Lugares donde la realidad está ligeramente alterada:

  • Un objetivo al apuntar
  • Las iglesias en Texas
  • Los establecimientos 7/11 abandonados
  • Tu cuarto a las 5 de la mañana
  • Los hospitales a medianoche
  • Los trasteros que huelen a polvo
  • Faros marítimos estropeados
  • Aparcamientos vacíos
  • Lagunas y piscinas de zonas suburbanas
  • Los tejados al amanecer
  • El interior de una cabaña oscura

 

Es muy inspirador, a ver si me ayuda.

Mis chicas favoritas

 

Linda Hamilton

Este post viene inspirado de un lado, por mi antigua sección “jueves de chicas”, que tal vez recupere, y por una serie de tuits sobre personajes femeninos que empecé a raíz de unos tuits de otra chica pidiendo que la gente le propusiese artistas, escritoras, directoras y demás, para hacer notar la dificultad de las mujeres para destacar y hacer historia igual que los hombres.

Mi lista no es tan reivindicativa, pero quiero poner negro sobre blanco las mujeres de ficción que más me han marcado, tanto en TV, como en literatura o en el cine.

Son mujeres o niñas que me inspiran a la hora de escribir, o que incluso me han hecho mella como persona, por sus valores y su actitud. Son fuertes, valientes, pero a veces compasivas; fieras protectoras que cuidan de los suyos (tengan hijos o no) y con muchos matices; son ante todo personajes muy ricos.

En general se parecen bastante entre ellas, y supongo que algunas de ellas están inspiradas en otras anteriores, pero en cualquier caso las amo y las tengo muy presentes.

Sin un orden particular:

  • Sara Lund, de The Killing
  • Carol, de The Walking Dead
  • Cersei, Canción de hielo y fuego (también me gusta mucho en la serie, creo que es uno de los personajes mejor reflejados. Catelyn Tully y Brienne de Tarth también son muy grandes)
  • Sarah Connor, de Terminator (es gracioso porque en la serie de TV la interpreta Lena Headay, Cersei en Juego de tronos)
  • Kara Thrace, de Battlestar Galactica
  • Ellen Ripley, de Alien el 8º pasajero
  • Trinity, de Matrix (como mil veces mejor que Neo)
  • Scarlett O’Hara, de Lo que el viento se llevó
  • Lagertha, de Vikings
  • Mathilda, de Léon
  • Matilda, de Matilda (Roald Dahl)
  • Bunny Sukino (en serio, no os riáis) de Sailor Moon
  • Peggy Olson, de Mad Men
  • Vanessa Yves, de Penny Dreadful
  • Lana Winters, de American Horror Story: Asylum (la mejor temporada, de lejos)
  • Skyler White, Breaking Bad
  • Julia, 1984
  • Lisbeth Salander, de Millennium
  • Motoko Kusanagi, de Ghost in the shell
  • Valerie, de V de Vendetta
  • Marge Gunderson, de Fargo
  • Jessie, de Toy Story

Probablemente añada más en sucesivas ediciones del post.

¿Y tú qué opinas? ¿Alguno de estos personajes te han marcado? ¿Cuáles son los personajes femeninos más influyentes para ti?

Mi nuevo personaje, Anita.

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Soy normal. Lo digo con toda la intención, no soy llamativa ni me salgo de ningún canon. Soy más bien delgada, pero no demasiado. En parte es genético, en parte es porque no me da la gana de ser gorda, y hago un esfuerzo para evitarlo; supongo que la intención cuenta en muchos casos. Tampoco soy muy alta, ni muy baja; un digno 1’65 para fundirme en todas las multitudes. Me gustaría ser más alta, pero soy feliz con mis pies pequeños y bonitos.

Tengo el pelo negro azabache, o más bien chocolate negro puro, el azabache brilla más. Podría brillar más, pero si le pongo mascarilla se engrasa, y no lo soporto. Es ondulado, grueso y difícil de domar; lo llevé en una coleta desde que terminé el instituto hasta que Pasó Todo Aquello. Luego me lo corté bastante, hasta los hombros, y si lo cepillo con frecuencia lo tengo bien. Para que te hagas una idea es como si Maribel Verdú no tuviese pasta para alisado y acondicionador.

Mis ojos son grises, pero nadie lo sabe. Dependiendo de la iluminación pueden parecer azules, verdes o tirando a negros, y cada persona se hace a la idea de que son de un color distinto. Si los miras con luz natural, tienen un tono parecido al del cielo un día de primavera cubierto de nubes: plomizo, pero luminoso de alguna forma. Miro de una forma directa, pero defensiva.

Me muevo con bastante gracia, me gusta bailar y de pequeña hice ballet clásico y un experimento de danza contemporánea en un centro social; aquello acabó mal, pero mi madre me sacó de allí cuando solo era sospechoso. Luego fui a jazz y luego a nada, porque ya no se puede bailar música decente. Mi abuela decía que camino como las grandes actrices de los 50 y 60, solo que con menos culo.

En cuanto a mi actitud, soy práctica con un punto distinguido. Lo que se dice “effortlessly cool” pero con “effort”, siempre. No sientas presión para ser perfecta, pero siéntela para actuar a la perfección.

Digamos que si mañana se desatase un holocausto zombi yo sería la francotiradora apostada en una azotea con el mejor rifle, una gorra con la visera hacia atrás y untada de protector solar. Porque el cáncer de piel es peor que que te destripe un zombi. Y las manchas, eso también.

Eso viene porque Alberto, el de mi curro, no paraba de hablar de zombis. Y porque tengo la piel sensible y se quema con facilidad. Pero tampoco es blanca. Una movida.

 

No os metáis con ella, que ya la quiero ❤

 

¿Dónde escribís?

Lo pregunto porque anoche tuve una larga sesión de tomar notas breves y sin un orden concreto en una de las libretas que tengo para inspirarme. Suelo llevar siempre conmigo una libreta aunque al final espero a llegar a casa para apuntar lo que me ha venido a la cabeza.

¿Tomáis notas a mano? ¿lleváis con vosotros libretas o blocs de notas? ¿Usáis el móvil? ¿O tal vez tenéis una retentiva mental que os permite guardarlo todo hasta la próxima vez que os pongáis a redactar seriemente?

El hoyo (ejercicios de escritura):

Inspirado por un ejercicio del capítulo “Descripción” del libro Escribir ficción de Gotham Writer’s workshop.

-Ejercicio: imagina que eres un espeleólogo en expedición que se ha separado del resto del grupo y trata de orientarse y volver con ellos en un lugar en el que no ve nada. Sírvete del resto de los sentidos.

Lo primero que se me ocurrió fue empezar a medir distancias. No sé por qué lo hice, pero me ayudó a retardar la sensación de pánico. De modo que usando mis manos fui calculando el espacio que me rodeaba, que no era mucho; extendí los brazos hasta tocar la húmeda pared porosa, y recorrí la cavidad según serpenteaba a mi alrededor.

Yo me encontraba tumbado, no estaba atrapado pero me resultaba imposible ponerme de pie y no quería seguir avanzando hasta saber dónde estaban mis compañeros. Había perdido contacto con ellos poco a poco, no hubo un instante en el que dijese “debo volver”, sino que de pronto me golpeó el pensamiento de “debía haber vuelto hace un rato”. Tampoco fui muy consciente de que estaba tomando una desviación, tan solo me interesé por una estúpida veta blanca lechosa que transcurría a mi izquierda y que al parecer no llamó la atención a nadie más. Después de recorrer un trecho, me di la vuelta y no los vi, ni reconocí el camino que había tomado. Y por dios bendito que no los volví a oír. De pronto tomé conciencia de que solo percibía el flujo constante de agua por las paredes y el suelo de la cueva, el eco de ese flujo, y  el chapoteo de infinitas gotas con su reflejo correspondiente. Luego la cavidad se estrechó, y decidí dar la vuelta, pero resbalé y mi linterna cayó por una sima de la que me libré por poco.

Bueno, que la cagué. Ahora estaba allí en completa oscuridad, tumbado boca arriba (me había girado para poder respirar bien) en una topera que rezumaba agua cargada de sales, que olían a talco, a jabón, y al mismo tiempo a moho. Probablemente en realidad no olía tan mal pero yo me agobié considerablemente. Tras unos minutos, llegué a la conclusión de que, si apoyaba mi cabeza en la base de la cavidad, cosa que me repugnaba por los pequeños canales de fluido que circulaban, había unos quince centímetros de vano hasta la parte superior, porque eso es lo que mide un palmo mío aproximadamente. Mis hombros estaban a unos diez centímetros de las paredes, pero tenía que moverlos con frecuencia para no entumecerme por el frío y la humedad, así que no estaba seguro de esa medida. Podía mover mis piernas con libertad, y abrirlas mucho hasta tocar las paredes con los pies, pero no tenía ni la menor idea de lo que eso suponía en centímetros.

Finalmente me decidí a impulsarme con cuidado usando mis piernas para volver a donde estaba antes, aunque estuviese a oscuras al menos sería más fácil que mis compañeros me viesen. Entonces ocurrió lo impensable: un resplandor me cegó desde el punto al que me dirigía, impidiéndome seguir, pues necesitaba concentrarme y la luz cegadora me bloqueaba los sentidos. Tuve miedo, pero al mismo tiempo me calmó la certeza de que esa era una buena señal al fin y al cabo. Cerré los ojos con fuerza y seguí contoneándome como un gusano para salir de allí. En un momento dado noté una presión que sujetaba mi pie derecho y grité, presa de los nervios:

-¡Suéltame!

-Si no te ayudo te vas a quedar ahí encajado, capullo.

-Vale Pablo, puedes tirar pero apaga la linterna o enciende otra menos potente, que me voy a quedar ciego.

-Mira que llegas a ser quejica. Voy a llamar a los demás para que me ayuden y te traigan una luz de noche de esas de Ikea.

-Gracias, gilipollas.