Penélope y las labores inconclusas

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Hoy quiero hablar de un vicio mío como escritora: el documento interminable. Esa historia sin pretensiones que sale de una idea simple, para la que no hago un esquema, y que tengo a medias durante meses para trabajar en ella cuando quiero escribir sin devanarme los sesos. Supongo que no soy la única escritora que lo hace.

El caso es que ahora estoy terminando un fic (una historia basada en otra ya existente, que en este caso también es mía), formato que suelo usar para estas cosas. Llevo casi un año con él, me ha dado muy buenos momentos y estoy muy orgullosa de lo que lo que he conseguido. Y además,no quería terminarlo por nada del mundo. Y ahí es donde entra Penélope.

Penélope es un personaje de la Odisea, el famoso libro de Homero, que estaba casa con Ulises. Como sabréis, y si no lo sabéis os lo cuento yo, Ulises se pasó un montón de años de viaje para volver de la guerra de Troya, que de eso va el libro*, y Penélope se quedó en Ítaca esperándolo como una fiel esposa. Tan fiel era que rechazó los favores de los muchos pretendientes que llegaban a su puerta. Pero como ya se sabe que a los hombres no hay quien los haga desistir cuando se ponen pesados, Penélope se inventó una excusa ya mítica: solo aceptaría volver a casarse cuando terminase de tejer un sudario para el rey Laertes, para quien trabajaba. Pero ¿cómo se las arregló para no terminarlo en los veinte años que tardó Ulises en llegar a casa? Pues bien, Penélope deshacía por las noches todo lo que había tejido el día anterior, de manera que su labor era literalmente infinita.

Y a mí me pasa un poco así. No borro todo lo que he escrito (aunque borrar es parte de escribir), pero sí es cierto que alargo los capítulos, y añado más capìtulos a mis historias con tal de no acabarlas, sobre todo si se trata de algo que a) me encanta escribir, b) no pienso publicar** c) me está ayudando a salir de una mala racha. Esa oportunidad de meterme en las historias y los personajes, de trasladarme a un lugar que sólo existe ahí y que no tiene normas, me evade y me da algo por lo que seguir peleando.

Hay algo adictivo en escribir, y si te das el lujo de olvidarte de las formas por un tiempo, y te reservas ese espacio para experimentar y mejorar, puedes sacarle mucho partido. Y dejar pasar el tiempo, veinte años si hace falta.

¿Y vosotros? ¿Hay alguna actividad o proyecto que os cueste terminar, por lo mucho que disfrutáis haciéndolo?

*    “La Odisea” va del viaje de Ulises (también llamado Odiseo) de vuelta a Ítaca; el libro que habla de la guerra de Troya es “La Ilíada”. Ambos tomos son muy ligeros y de fácil lectura.

* *   En realidad uno de los fics está publicado en Fanfiction.net xD

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Gas (TWD fanfic)

The air in the gas station was scorching and moist; it reeked of death, due to the two walkers trapped inside, tied by their ankles to the counter, close to the windows, so nobody would enter when they saw them.

They had been trapped by a girl, who was now sitting on the floor, dripping wet in sweat, playing with a revolver. She was skinny, her skin dry and gaunt, her blond hair frizzy, her eyes sad and aimless. She had been playing with the gun for days now; she was sure she was turning crazy, but couldn’t or didn’t want to do anything about it.

Lux was utterly tired of living, but for the first time she didn’t have the determination of killing herself. She was sure that loneliness, famine and inactivity would eventually end her without an effort. She didn’t know how long had she been on her own, but it had been definitely over a month. Maybe two. Her wounds were sure healing, both the outer and the inner, and she had grown up to be a survivor, with all the immoral acts it carried out.

There were people talking outside, but no distinct conversation. They were muttering and that only meant they wanted to break in.

“They want to break into my place. My place, my only shelter, where I’ve survived since I ran away from those monsters” she thought, stiff and curled up in a comforting position.

She wouldn’t let them.

Lux stood up and pulled out her knife, the one on her right leg. Her jeans had a double fabric to hide a couple of blades, long, thin and sharp, so no one could see them until it was too late. She was able to use them better than a tooth brush, and had used them a lot lately.

The door opened; she had not repaired the lock since a kid broke in the previous week. It was part of her master plan to die somehow.

She saw a woman from her sneaking point, behind a shelf stuffed with car supplies. Her skin was dark, umber indeed, and she was as tall as her, thin. She wore thick dreads. Her gaze was fierce, ruthless. It was weird for Lux because she had not seen a strong, healthy woman since everything began, or ended. She pulled out a long blade, maybe a katana, and severed the walker’s heads in two gracious moves.

She waited in the dark, and started moving in the opposite direction, around the shelf, to catch her by surprise. Both women wandered slowly and quiet until Lux was behind her, without noticing another stranger slipping inside the thick aired room.