Penélope y las labores inconclusas

o0600076913297221999

 

Hoy quiero hablar de un vicio mío como escritora: el documento interminable. Esa historia sin pretensiones que sale de una idea simple, para la que no hago un esquema, y que tengo a medias durante meses para trabajar en ella cuando quiero escribir sin devanarme los sesos. Supongo que no soy la única escritora que lo hace.

El caso es que ahora estoy terminando un fic (una historia basada en otra ya existente, que en este caso también es mía), formato que suelo usar para estas cosas. Llevo casi un año con él, me ha dado muy buenos momentos y estoy muy orgullosa de lo que lo que he conseguido. Y además,no quería terminarlo por nada del mundo. Y ahí es donde entra Penélope.

Penélope es un personaje de la Odisea, el famoso libro de Homero, que estaba casa con Ulises. Como sabréis, y si no lo sabéis os lo cuento yo, Ulises se pasó un montón de años de viaje para volver de la guerra de Troya, que de eso va el libro*, y Penélope se quedó en Ítaca esperándolo como una fiel esposa. Tan fiel era que rechazó los favores de los muchos pretendientes que llegaban a su puerta. Pero como ya se sabe que a los hombres no hay quien los haga desistir cuando se ponen pesados, Penélope se inventó una excusa ya mítica: solo aceptaría volver a casarse cuando terminase de tejer un sudario para el rey Laertes, para quien trabajaba. Pero ¿cómo se las arregló para no terminarlo en los veinte años que tardó Ulises en llegar a casa? Pues bien, Penélope deshacía por las noches todo lo que había tejido el día anterior, de manera que su labor era literalmente infinita.

Y a mí me pasa un poco así. No borro todo lo que he escrito (aunque borrar es parte de escribir), pero sí es cierto que alargo los capítulos, y añado más capìtulos a mis historias con tal de no acabarlas, sobre todo si se trata de algo que a) me encanta escribir, b) no pienso publicar** c) me está ayudando a salir de una mala racha. Esa oportunidad de meterme en las historias y los personajes, de trasladarme a un lugar que sólo existe ahí y que no tiene normas, me evade y me da algo por lo que seguir peleando.

Hay algo adictivo en escribir, y si te das el lujo de olvidarte de las formas por un tiempo, y te reservas ese espacio para experimentar y mejorar, puedes sacarle mucho partido. Y dejar pasar el tiempo, veinte años si hace falta.

¿Y vosotros? ¿Hay alguna actividad o proyecto que os cueste terminar, por lo mucho que disfrutáis haciéndolo?

*    “La Odisea” va del viaje de Ulises (también llamado Odiseo) de vuelta a Ítaca; el libro que habla de la guerra de Troya es “La Ilíada”. Ambos tomos son muy ligeros y de fácil lectura.

* *   En realidad uno de los fics está publicado en Fanfiction.net xD

Anuncios

Pido disculpas

pexels-photo-539694.jpeg

Queridos lectores, curiosos, y algún admirador ocasional.

Tengo que pediros disculpas. Llevo casi un año sin actualizar este blog. Afortunadamente, el motivo no es que haya dejado de escribir. Al contrario, en este tiempo he escrito bastante, no he terminado nada, pero estoy satisfecha. El problema es que no creí que tuviese nada que mereciese la pena ser enseñado. Os pido disculpas por no actualizar la página de Puntos Negros en Facebook ni mi perfil (que ahora mismo está casi oculto), y por apenas saludar de vez en cuando en Twitter. Os pido disculpas también por no aparecer en Goodreads. Os pido disculpas por no haber terminado la nueva novela, por haberla abandonado, por haberla retomado tres o cuatro veces ya.

Mi objetivo con este blog era comunicarme como escritora, no como persona, y ni siquiera eso he conseguido. Porque no quería mostrarme tal y como soy, imperfecta, insegura, vulnerable. Y todo para qué. Para callarme y dejar que se acumulase polvo en este precioso blog del que tan orgullosa estaba.

¿Y qué decir de las reseñas? Dejé de postearlas porque no creí que os pudiesen interesar los libros que leo. La mayoría son best sellers o pertenecen a mis tres autores de cabecera.

Sin embargo, por encima de todo lo demás, me pido disculpas a mí misma. Por no creer en lo que hago, por no considerarme buena escritora, por machacarme por no leer suficientes libros. Por no darme margen, por no aceptarme tal y como soy. Por no considerar que lo que hago merece la pena.

No me conocéis en persona, porque yo no he querido, pero ya va siendo hora de mostrarme un poco, y lo primero que he he decir es que soy una mujer que necesita validación constante. Nada de lo que hago me parece suficiente, y muchas veces tampoco me parece correcto. En este tiempo en el que he estado ausente, y tal vez durante años atrás, he sentido que no era buena, ni siquiera era decente. Pero seguía escribiendo, eso no lo podía evitar. Yo no vivo de esto ni tengo la intención de gastar mis energías en conseguirlo, pero nunca me he sentido tan satisfecha como para decir: “eh, al menos escribo, e incluso he publicado”. Nunca.

Porque cuando uno se cree poca cosa, no importa lo que haga, se sentirá pequeño. Antes no me sentía escritora porque no había publicado. Después de publicar, todas las ventas me parecían pocas. Luego llegó un nuevo proyecto, y lo he estado escrutando mientras lo desarrollaba, igual que me escruto a mí misma. ¿Es una novela válida? ¿Es buena? ¿Le gustará a alguien? Aún ahora, después de retomarla, no sé si llegará a algún sitio. Aún ahora, con casi treinta mil palabras, a veces pienso que volveré a abandonarla porque no vale la pena. Así de dura soy, y por nada. Sigo obsesionada con los requisitos para ser escritora, y con los requisitos que debe cumplir aquello que escribo para ser leído.

No debería importar. Debería escribir por el placer (siempre presente) de hacerlo, y publicarlo aquí si me gusta lo suficiente, aunque no sea perfecto. Debería actualizar las RRSS con algo nuevo de vez en cuando, algo sustancioso, algo que valga la pena, aunque luego no llegue a ninguna parte.

Una de las cosas que más me frena a la hora de aceptarme es algo tan irrelevante como encajar. Encajar en un sitio, en una etiqueta, y no salirme. No meter la pata con tal de que no me saquen de ese sitio. No quiero decir aquí nada que espante a un posible lector de novelas de misterio, y al final no escribo nada. En RRSS no opino sobre temas de actualidad, sobre la vida y el amor (ay, el amor, menuda mierda, lectores), para no invocar al temible rechazo, y al final estoy muda. No expreso mis ideas políticas o mis inquietudes, aunque luego quedan patentes en lo que escribo. Absurdo, ¿verdad? Es curioso lo de las etiquetas. Las adoptamos (o pedimos permiso para adoptarlas a los que creemos que tienen autoridad sobre ellas) porque nos dan una sensación de pertenencia, pero luego a veces no nos creemos merecedores de ellas, porque nos parece que requieren unos requisitos muy concretos.

Tampoco comento los libros que leo, porque son pocos y a lo mejor no os interesan, o ya los leísteis cuando salieron a la venta. No soy moderna. A veces comparto música que me inspira, u otro tipo de contenidos con los que me identifico, pero siempre con miedo de perder seguidores que no me aprecien tal y como soy. Como si en este mundillo literario todo fuese algo personal*. Como si no hubiese escritores mediocres con miles de seguidores.

Quiero ser escritora. Creo que ya lo soy. Y sin embargo no encajo en el grupo de los lectores empedernidos, porque me interesan más otras cosas (o sea, tengo un libro a medias y aunque me gusta, creo que no lo toco desde el lunes). Solo produzco letras, y soy la primera que las esconde si creo que a alguien no le van a gustar. A pesar de que me maraville a mí misma a veces con lo que hago, con lo que he aprendido, y con mi capacidad de crear personajes complejos y humanos. Pero ¿qué pasa si los dejo al descubierto? ¿Qué harán con ellos?

Todo esto viene a que tengo que perdonarme a mí misma, por los castigos que me inflijo, y que al final me impiden hacer lo que más me gusta: contar historias, vayan a donde vayan; dejar de flagelarme para adorarme, y así dar rienda suelta a los cientos de ideas que cruzan mi cabeza como arpones en el agua, tratando de alcanzar un pez escurridizo. En el fondo creo firmemente que para crear tienes que creer, creer en ti mismo y en lo que haces, y aferrarte a tu estilo, aunque aprendas y evoluciones. En algún punto de tu cabeza tienes que creerte el mejor, y proteger la llama, igual que hacía el valiente Ralph en El señor de las moscas (la única novela sobre masculinidad que de verdad recomiendo leer), proteger el impulso que te hace seguir adelante, sabiendo que habrá algunas personas a las que no le gustes y eso te debe dar igual. Tienes que ser tu propia cocaína a la hora de dejar volar tu imaginación. Tienes que creer que eres bueno para continuar, y ser auto indulgente, porque a fin de cuentas siempre vendrá alguien a quien no le guste lo que hagas, así que al menos date tú un aprobado.

Pocas cosas funcionan a la fuerza, y en mi caso, no funciona casi ninguna. Mucho menos en estos momentos de problemas personales y gran (mayor) inseguridad. He logrado hacer ejercicio de forma regular, tengo una buena relación con familiares y amigos (incluso he conseguido hacer amigos nuevos), he logrado cosas de las que no me consideraba capaz… Pero no puedo ser bloguera a la fuerza, ni exponer lo que escribo si no me siento segura. Todo lo que hago lo hago por una razón, y si no hay razón, no puedo hacerlo. Por eso solo leo a mujeres, aunque pueda parecer una imposición; desde que lo hago, tengo más ganas de leer, y esa es la mayor motivación. Por eso me dejo llevar por mis sentimientos cuando escribo ficción, y meto mucho de mí misma. Eso me da más ganas de escribir. Y si algo te da ganas de leer o de escribir, entonces está bien.

Por eso voy a renunciar a comprometerme con vosotros, y voy a comprometerme conmigo misma. A valorar lo que hago por el hecho de hacerlo, a mimarlo y corregirlo hasta que me guste y mostrarlo si lo creo conveniente, a compartir otros escritos que tengo por otros blogs, y que no han llegado aquí por su carga política, pero de los cuales me siento orgullosa por su calidad. A no tener miedo del rechazo por parte de mis lectores, porque no tengo un compromiso con vosotros tal como para decepcionaros. Esta relación solo importa si va a mejor.

De modo que he vuelto, y voy a quedarme para escribir, compartir, y crecer. Acompañadme.

*Esta frase era fuertemente sarcástica

Pido también disculpas por la gran cantidad de erratas de este post, creo que ya las he corregido todas.

Cien seguidores en Wordpress

Champagne-celebration

GRACIAS A TODOS

Y mientras seguimos con el sorteo, no lo olvidéis, quiero preguntaros:

¿Qué contenidos os interesan más de mi blog?

Reseñas, relatos nuevos, fragmentos de mi nueva novela, concursos…

Decidme qué preferís y trataré de insistir más en eso. Si se os ocurren otros contenidos que encajen con este blog, por favor, indicadlos.

¡Gracias de nuevo!

Más realidad alterada

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

WhatLiesBelowLondon-GreenwichTunnel

Estoy añadiendo al storyboard de la nueva novela imágenes del metro de Londres, el tube, sobre todo los pasillos y el interior de los vagones, y definitivamente no es cosa mía, son realmente agobiantes. Al menos muchas líneas tienen un tramo de recorrido en superficie, y eso te da algo de aire. Pero de la misma manera que me agobia, me inspira cada vez que estoy allí.

Este es otro ejemplo de realidad alterada.

Casas de novela

Estoy tomando notas* para describir la casa de Anita, la protagonista de mi nueva novela, y me han surgido estas preguntas.

  • ¿Ella vive con sus padres? ¿sola? ¿con compañeros de piso?
  • ¿es un piso o un apartamento? ¿es grande, pequeño?
  • Si es grande, ¿es acogedor? Si es pequeño, ¿es coqueto o agobiante?
  • ¿Es nuevo o viejo? Si es nuevo, ¿es confortable? Si es viejo, ¿es deprimente?
  • ¿es una vivienda estándar, con decoración a la moda, o llena de personalidad? ¿Refleja el carácter y los gustos de la protagonista?

Pretendo ir paso a paso y desarrollar una descripción que le dé carácter al lugar donde ella vive, y al mismo tiempo ella se vea influenciada por su entorno, y cómo se relaciona con él.

Esto me recuerda a la trilogía de Millennium, de Stieg Larsson, tan vapuleada; me gustaban las descripciones de los pisos de Lisbeth, porque eran un reflejo de su personalidad y su estado de ánimo, y acababan teniendo personalidad propia, hasta convertirse en otros personajes.

Ahora mismo recuerdo “Rebeca” (solo he visto la película), “Casa tomada”, un relato de Julio Cortázar, y “Ventana secreta, secreto jardín” de Stephen King.

¿Qué casas “de libro” os resultan más atractivas? ¿Cuáles os han ayudado a vivir una historia más intensamente? ¿Cuáles creéis que se funden mejor con los protagonistas?

 

Realidad alterada

tumblr_nvh1uxJpNq1tkpdaao1_1280

Acabo de encontrar este post en Tumblr, en inglés, original de tootsie-roll-frankenstein (bonito nick) y me ha parecido tan maravilloso que lo traigo aquí.

Lugares donde la realidad está ligeramente alterada:

  • Un objetivo al apuntar
  • Las iglesias en Texas
  • Los establecimientos 7/11 abandonados
  • Tu cuarto a las 5 de la mañana
  • Los hospitales a medianoche
  • Los trasteros que huelen a polvo
  • Faros marítimos estropeados
  • Aparcamientos vacíos
  • Lagunas y piscinas de zonas suburbanas
  • Los tejados al amanecer
  • El interior de una cabaña oscura

 

Es muy inspirador, a ver si me ayuda.

Mis chicas favoritas

 

Linda Hamilton

Este post viene inspirado de un lado, por mi antigua sección “jueves de chicas”, que tal vez recupere, y por una serie de tuits sobre personajes femeninos que empecé a raíz de unos tuits de otra chica pidiendo que la gente le propusiese artistas, escritoras, directoras y demás, para hacer notar la dificultad de las mujeres para destacar y hacer historia igual que los hombres.

Mi lista no es tan reivindicativa, pero quiero poner negro sobre blanco las mujeres de ficción que más me han marcado, tanto en TV, como en literatura o en el cine.

Son mujeres o niñas que me inspiran a la hora de escribir, o que incluso me han hecho mella como persona, por sus valores y su actitud. Son fuertes, valientes, pero a veces compasivas; fieras protectoras que cuidan de los suyos (tengan hijos o no) y con muchos matices; son ante todo personajes muy ricos.

En general se parecen bastante entre ellas, y supongo que algunas de ellas están inspiradas en otras anteriores, pero en cualquier caso las amo y las tengo muy presentes.

Sin un orden particular:

  • Sara Lund, de The Killing
  • Carol, de The Walking Dead
  • Cersei, Canción de hielo y fuego (también me gusta mucho en la serie, creo que es uno de los personajes mejor reflejados. Catelyn Tully y Brienne de Tarth también son muy grandes)
  • Sarah Connor, de Terminator (es gracioso porque en la serie de TV la interpreta Lena Headay, Cersei en Juego de tronos)
  • Kara Thrace, de Battlestar Galactica
  • Ellen Ripley, de Alien el 8º pasajero
  • Trinity, de Matrix (como mil veces mejor que Neo)
  • Scarlett O’Hara, de Lo que el viento se llevó
  • Lagertha, de Vikings
  • Mathilda, de Léon
  • Matilda, de Matilda (Roald Dahl)
  • Bunny Sukino (en serio, no os riáis) de Sailor Moon
  • Peggy Olson, de Mad Men
  • Vanessa Yves, de Penny Dreadful
  • Lana Winters, de American Horror Story: Asylum (la mejor temporada, de lejos)
  • Skyler White, Breaking Bad
  • Julia, 1984
  • Lisbeth Salander, de Millennium
  • Motoko Kusanagi, de Ghost in the shell
  • Valerie, de V de Vendetta
  • Marge Gunderson, de Fargo
  • Jessie, de Toy Story

Probablemente añada más en sucesivas ediciones del post.

¿Y tú qué opinas? ¿Alguno de estos personajes te han marcado? ¿Cuáles son los personajes femeninos más influyentes para ti?

Mi nuevo personaje, Anita.

8d7090fdd3871e6b8077d7b18da789ba

Soy normal. Lo digo con toda la intención, no soy llamativa ni me salgo de ningún canon. Soy más bien delgada, pero no demasiado. En parte es genético, en parte es porque no me da la gana de ser gorda, y hago un esfuerzo para evitarlo; supongo que la intención cuenta en muchos casos. Tampoco soy muy alta, ni muy baja; un digno 1’65 para fundirme en todas las multitudes. Me gustaría ser más alta, pero soy feliz con mis pies pequeños y bonitos.

Tengo el pelo negro azabache, o más bien chocolate negro puro, el azabache brilla más. Podría brillar más, pero si le pongo mascarilla se engrasa, y no lo soporto. Es ondulado, grueso y difícil de domar; lo llevé en una coleta desde que terminé el instituto hasta que Pasó Todo Aquello. Luego me lo corté bastante, hasta los hombros, y si lo cepillo con frecuencia lo tengo bien. Para que te hagas una idea es como si Maribel Verdú no tuviese pasta para alisado y acondicionador.

Mis ojos son grises, pero nadie lo sabe. Dependiendo de la iluminación pueden parecer azules, verdes o tirando a negros, y cada persona se hace a la idea de que son de un color distinto. Si los miras con luz natural, tienen un tono parecido al del cielo un día de primavera cubierto de nubes: plomizo, pero luminoso de alguna forma. Miro de una forma directa, pero defensiva.

Me muevo con bastante gracia, me gusta bailar y de pequeña hice ballet clásico y un experimento de danza contemporánea en un centro social; aquello acabó mal, pero mi madre me sacó de allí cuando solo era sospechoso. Luego fui a jazz y luego a nada, porque ya no se puede bailar música decente. Mi abuela decía que camino como las grandes actrices de los 50 y 60, solo que con menos culo.

En cuanto a mi actitud, soy práctica con un punto distinguido. Lo que se dice “effortlessly cool” pero con “effort”, siempre. No sientas presión para ser perfecta, pero siéntela para actuar a la perfección.

Digamos que si mañana se desatase un holocausto zombi yo sería la francotiradora apostada en una azotea con el mejor rifle, una gorra con la visera hacia atrás y untada de protector solar. Porque el cáncer de piel es peor que que te destripe un zombi. Y las manchas, eso también.

Eso viene porque Alberto, el de mi curro, no paraba de hablar de zombis. Y porque tengo la piel sensible y se quema con facilidad. Pero tampoco es blanca. Una movida.

 

No os metáis con ella, que ya la quiero ❤