¿Has leído ya «Día de Reyes?»

La lluvia repiqueteaba sobre el cristal y, según las gotas corrían hacia abajo, formaban regueros sinuosos de formas caprichosas. No había dos iguales, salvo los que tomaban la forma de aquel sobre el que caían. Alberto había llegado a esta conclusión tras observar el parabrisas de su coche durante veinte horas.

El vehículo se había salido de la carretera comarcal pasando por encima del quitamiedos, debido a que su centro de gravedad era muy alto y a la velocidad que llevaba en ese momento, muy superior a la indicada para aquel tramo lleno de curvas. Cayó por el barranco, dio tres vueltas de campana, y quedó volcado, apoyado en un árbol. Alberto permanecía en su asiento con el cinturón abrochado, incapaz de desembarazarse de él por dos motivos: el primero, que su brazo izquierdo estaba roto; además de producirle un dolor insoportable, no respondía a sus movimientos. El segundo, que el brazo derecho había quedado atrapado entre su tronco y la puerta; estaba dormido la mayor parte del tiempo, y cuando despertaba, el hormigueo hacía imposible controlarlo.

Alberto era el copiloto. Su mujer, Carla, era la que conducía el coche, y había salido a buscar ayuda justo después de producirse el accidente. Él no sabía cuánto tiempo había pasado desde entonces, pero sí sabía que tenía hambre, tenía sueño, probablemente se había dormido durante un breve periodo de tiempo, probablemente se había quedado inconsciente también, y se había meado encima. Así que probablemente había pasado mucho tiempo. Sus piernas estaban atrapadas dentro del amasijo de hierros en que se había transformado el morro del coche, y él se encontraba en el lateral que había quedado apoyado en el suelo, así que muchos objetos habían caído sobre su cuerpo: su maletín con documentos del trabajo para hacer cosas en un rato libre, su tablet, su abrigo, la bolsa de viaje de Carla, y la suya. Carla no le había desabrochado el cinturón. Carla no le había escuchado cuando él le dijo que le esperase, que seguramente podría caminar y era mejor que fuesen juntos. “Estaba nerviosa, seguramente ha sido por eso”.

Primera parte completa

Segunda parte

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