La inspiración

A veces viene de imágenes, que me sugieren contextos y acciones. Otras veces son las situaciones, microuniversos en los que me meto; aunque sean muy reales, yo los hago imaginarios. Otras veces, las menos, son historias; otras historias que ya son, pero se pueden mejorar. Las saco de libros, de grandes clásicos del cine o de telefilmes de sobremesa. Cualquier comienzo puede valer.

Me cuesta mucho inspirarme en frases, más bien me inspiro construyéndolas yo misma. Si me sale algo mientras redacto esta entrada, te lo enseñaré.

Me inspiran las mujeres, casi todas las que veo.

Esta imagen es una aportación a un blog de moda. Ella se llama Lila G y las subió a http://lookbook.nu/ hace dos años. Ahora sus fotos me sugieren algo.

En contadas ocasiones me inspira una noticia. Prefiero no considerar la historia real al completo, porque me siento frívola usando un suceso para construir ficción. Pero tal vez un detalle, un giro, una reacción…  Tal vez me sirvan.

Busco inspiración a flor de piel, por eso siempre empiezo por cosas pequeñas. Observo planos cortos, que contienen olores, susurros, gestos. Además, ahí la perspectiva es muy cerrada, y a mí no me interesa contar la verdad.

Ana escogió una camiseta de la cesta con la ropa que aún no había doblado. Rezaba «dressed to kill». Ella había comenzado el día pensando en dejar de vivir, pero afortunadamente una llamada le recordó que tenía asuntos pendientes. Se vistió y salió a resolverlos.

Pues al final se me ha ocurrido algo.

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